La caja de recuerdos

 

Martina Sanz Cugat, 2º ESO

No solo entre las vigas de un desván derrumbado se pueden encontrar los restos de una estructura fuerte y firme, sino también recuerdos que un día contuvieron almas, almas en carretes, almas en novelas, almas en diplomas... Pero el alma de los recuerdos nunca muere, a veces vuelve y resucita y se hace de las personas y las personas se hacen de la memoria.

Yo tuve una discusión con mi padre antes de venir a México. Él decía que no sabría arreglármelas solo, pero necesitaba que me apoyara: una oportunidad. En este tiempo no hay muchos recursos en España. Así que le grité y me fui.

No ha pasado mucho tiempo desde entonces, quizás ocho o nueve semanas, pero eso no importa, prefiero no recordar.

Buscar trabajo aquí no fue difícil, en España había estudiado medicina, aquí trabajo de prácticas en una farmacia, tengo el suficiente dinero para mantener el alquiler de la habitación y comer. A veces recuerdo mi tierra, mi cielo, mi pueblo, mi familia... En ocasiones me gustaría cruzar el mar y volver, pero ese no es el tipo de confianza que me gustaría obtener de mi padre. Mi habitación es cómoda, el suelo de madera y sus amplias ventanas me hacen recordar a mi hogar, de donde pertenezco. Se encuentra en una vieja pero agradable casa de dos plantas y un desván; el desván tuvo un incendio hace una par de años, así que está en desuso. Viejas historias del lugar dicen que esta casa fue el hogar en el exilio del gran escritor español: Ramón J. Sender. Puede que esto hiciera sentirme mejor, alguien estuvo como yo lejos de su hogar, quién sabe.

Ya llevaba varias semanas en México, y una tarde que tenía libre decidí subir al polvoriento desván.

Unas viejas escaleras, de esas que crujen a cada paso, llevaban hasta una puerta bastante pequeña, para cruzar al otro lado había que agacharse. El desván era una habitación triste y fría, la ceniza y el hollín me contaban una historia lejana y triste, el incendio tan solo había perdonado la vida a unos pocos recuerdos enterrados en más recuerdos calcinados. Una fuerza interior me hizo buscar entre los escombros, encontré viejos carretes de fotos, novelas, diplomas, colgantes y una carta.

México. 12 de Mayo de 1942

A las personas que recuerdo en España:

Cuando las largas tardes de primavera me hacen recordar mi infancia en España, me gusta cerrar los ojos y escuchar a las últimas bandadas de golondrinas que llegan cansadas del sur. Sabía que venir a México significaría cerrar la caja de mis recuerdos en España, para abrir una nueva llena de sorpresas todavía por descubrir; me gustaría volver a estar en mi tierra rodeado de mis recuerdos.

Supongo que volveré a saborear mi libertad, en mi lugar, mi tierra; volveré próximamente a España a pasar una temporada, espero resucitar el alma de mis recuerdos y hacerlos míos de nuevo, espero volver. Supongo que todas las personas se han sentido parte de su tierra, y siempre por muy lejos que estuvieran han querido regresar.

Con cariño, Ramón J. Sender

No diré que la carta fue una carta seria o un anuncio entre familiares sino un texto cargado de nostalgia y recuerdos que me invitó a pensar en mi tierra y a abrir la caja de mis recuerdos en España. Porque el alma de mis recuerdos había resucitado y estaba dispuesto a hacerlos míos y a hacerme de ellos.

 

 

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