El faro de la niebla

 

Judit Gimeno, 1º ESO IS Juan de Lanuza (Borja)

Era una tarde fría y gris. Las nubes amenazaban lluvia, y una fiera tormenta gruñía, acercándose poco a poco. Ella, tan solitaria y cansada del mundo cruel, estaba decidida a no sufrir más. Estaba harta de que todo el mundo la ignorara y que la consideraran una loca por sus sueños raros, esos sueños en los que nadie creía, pero que muchas veces se cumplían. Lo iba a hacer. Hacía tiempo que pensaba acabar con todo, y por eso tenía que llegar al acantilado del Faro de la Niebla. Estaba tan cansada que decidió parar para coger aire y fuerzas para lo que tenía que cumplir. De pronto, tras oír un fuerte estruendo, apareció él. No podía creer que hubiera vuelto el horrendo cíclope de sus sueños, con su ojo de mirada malvada. Intentó huir, pero sus piernas eran como gelatina. Un fuerte golpe le hizo caer al suelo. Pudo ver la llama del Infierno y al cíclope atacándola con sus poderosas garras. Notó que la sangre la inundaba, y pensó que iba a morir, pero no como ella lo había pensado. No quería sufrir tanto, solo tirarse por el acantilado. Otro fuerte gruñido hizo que volviera en sí, y que se diera cuenta de que todo habían sido alucinaciones. Los horribles gruñidos eran los fuertes truenos; la llama del infierno, un rayo que había caído cerca, y la sangre, la fuerte lluvia que la había empapado. Sin saber cómo, había llegado a la cima del acantilado, donde estaba el "cíclope", el antiguo Faro de la Niebla, con su deslumbrante luz. Ella ya estaba muy cerca del acantilado. Ahora sí, lo iba a hacer.
 

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de Rincón Literario

 

 
Contacto | Aviso Legal | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón