Berlín: 25 años sin muro

 

El 9 de noviembre de 1989 una marea humana derribó el muro de Berlín, símbolo de la guerra fría y cicatriz de homigón que dividió a Alemania y al mundo en dos

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

El 9 de noviembre de 1989, miles de personas se concentraron en la Puerta de Brandemburgo y en otros lugares de Berlín para derribar el muro que, durante 28 años, había dividido la ciudad en dos partes separando a familiares y amigos. Esta frontera de hormigón fue levantada el 12 de agosto de 1961 por el gobierno comunista de la República Democrática Alemana para impedir la fuga de ciudadanos de la parte oriental de la ciudad a la más próspera Berlín del Oeste.

Ambas fechas, la de la construcción y caída del muro, de la que se cumple ahora un cuarto de siglo, son dos de los momentos más importantes de la historia reciente de Europa. El Muro de Berlín no solo dividió la capital alemana en dos mitades sino que, a nivel mundial, se convirtió en un símbolo de la Guerra Fría, según el historiador y profesor universitario Julián Casanova, "la guerra no armada entre los dos grandes bloques que surgen tras la derrota del nazismo en la II Guerra Mundial, el capitalismo y el comunismo, y que se llama fría porque nunca hubo un estallido de conflicto entre ellos".

Al finalizar la II Guerra Mundial, tras derrotar a Hitler, los aliados occidentales (Estados Unidos, Francia e Inglaterra) y la Unión Soviética (URSS) dividen Alemania en dos zonas de influencia. Los aliados se encargan de la parte oeste del país y la URSS se queda con el este. La capital alemana, Berlín, queda dividida igualmente en cuatro zonas de ocupación.

Estas potencias con intereses contrapuestos se habían unido para derrotar a un enemigo común (el fascismo) pero seguían manteniendo grandes diferencias, hasta llegar al punto en que surgen dos monedas, dos ideales políticos y, finalmente, dos alemanias. En 1949, los tres sectores occidentales pasaron a denominarse República Federal Alemana (RFA) y el soviético se convirtió en la República Democrática Alemana (RDA). Berlín también quedo dividida de la misma manera y se crearon 81 puntos para pasar de una parte a otra de la ciudad.

"A partir de ese momento se crean dos bloques diferenciados que se enfrentaron desde el año 1949, las democracias occidentales y los regímenes comunistas, ya que una vez derrotado el nazismo, los aliados interpretan que el comunismo es otra forma de totalitarismo", dice Casanova. El muro de Berlín se convirtió en un símbolo de este enfrentamiento.

Las autoridades soviéticas, alertadas por la continua emigración que se producía del Berlín comunista al Berlín occidental, más próspero, decidieron aislar a los ciudadanos berlineses pero también a los de Alemania y a los de otros países de Europa. La noche del 12 de agosto de 1961, el gobierno comunista de la RDA levantó un muro de 155 kilómetros que separaba Berlín en dos partes y nadie podía cruzar de una a otra. De la noche a la mañana, 16 años después del final de la guerra, se desplegaba sobre Europa el llamado telón de acero: la división del continente entre países asociados a los Estados Unidos, al estilo de la democracia occidental, y los países comunistas en la órbita de la URSS.

El fin de la frontera

Durante las tres décadas siguientes, las sociedades a un lado o al otro del muro se desarrollaron de forma diferente. "Las que eran democracias se beneficiaron del crecimiento capitalista y de los progresivos derechos sociales que se fueron dando a los ciudadanos. Al contrario, los que se encontraban en la parte soviética tenían economías centralizadas y cualquier detalle social y político era controlado por las autoridades", cuenta el historiador.

En 1989, con la presión de las democracias occidentales, las ansias de libertad de los ciudadanos que vivían en los países comunistas y una economía que iba de mal en peor, el final de la URSS como potencia mundial se encontraba muy cerca. En mayo de 1989 se abrieron las fronteras de Austria, ya que cada vez más alemanes de la RDA viajaban a Hungría para pedir asilo en las distintas embajadas de la RFA. Este hecho provocó enormes manifestaciones en la ciudad de Berlín que llevaron a que, el 9 de noviembre de 1989, el gobierno de la RDA permitiera el paso hacia el oeste.

Ese mismo día, miles de personas se agolparon en los puntos de control para poder cruzar al otro lado y nadie pudo detenerlos, de forma que se produjo un éxodo masivo. Al día siguiente, se abrieron las primeras brechas en el muro y comenzó la cuenta atrás para la caída del telón de acero.

La caída del muro supuso el final de la URSS y la unificación de Alemania que se convirtió en el país que hoy en día conocemos, aunque las heridas de la fractura social que sufrió el continente todavía no han desaparecido. "Europa del Este es todavía muy diferente y tiene problemas diferentes a los del Oeste. Con la crisis del 2008, un sector de Europa del Este mira de nuevo a Rusia como un horizonte distinto. Políticamente no son democracias tan consolidadas y surgen nostálgicos del anterior régimen comunista, pero también movimientos de ultraderecha", concluye el historiador.

 

 

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