El Conde de Aranda y Aragón: un noble ilustrado

 

Domingo Buesa Conde, comisario de la exposición Pasión por Aragón

Hay personajes que trascienden una época y se convierten en referente para los siglos posteriores, unas veces por sus obras y otras veces por sus propuestas intelectuales. Este es el caso de Pedro Pablo Abarca de Bolea, X conde de Aranda, que es un noble aragonés que nació en el lugar oscense de Siétamo (el 1 de agosto de 1719) y murió en su palacio de Épila el 9 de enero de 1798. El conde era un militar y un estadista, vinculado al movimiento de la Ilustración, que ejerció a lo largo de su vida importantes responsabilidades públicas entre las que podemos destacar la presidencia del Consejo de Castilla y la Secretaría de Estado con el rey Carlos IV, sin olvidar que fue embajador muchos años en Francia. Esta circunstancia le permitió conocer y tratar a los protagonistas de la que sería la revolución francesa, al igual que conocer a Benjamin Franklin, que llegó a París para recoger apoyos a su causa de la independencia de las colonias de America del Norte. Después de una larga vida al servicio de la corona de los Borbones, en la que llegó incluso a firmar como representante del rey el Tratado de Versalles de 1783, fue enterrado en el panteón del Real Monasterio de San Juan de la Peña, donde escribía que estaba "el sepulcro de los reyes sus mayores", aludiendo a que su familia de los Abarca descendía de los primeros gobernantes aragoneses.

El valor más importante que nos puede aportar este ilustre aragonés, que curiosamente fue el que decidió construir el Paseo del Prado en Madrid, es su profunda vocación de aragonés. Por ello, en las clases de Educación Infantil podemos apostar una vez más por hacerles ver que forman parte de un territorio con una gran historia y con algunos lugares privilegiados. Hablarles del Real Monasterio de San Juan de la Peña es interesante y contarles las leyendas que nos hablan de su fundación y del origen de la monarquía aragonesa quizás sea oportuno. En Educación Primaria podemos trabajar con ellos el mismo monasterio, obligándoles a que hagan --los de los primeros cursos-- una breve explicación de lo que les sugiere una foto (del claustro bajo la roca) que les pasaremos, dejando para los últimos cursos el que vayan recuperando la idea de qué es un monasterio, dónde está el monasterio de San Juan de la Peña, porqué es tan conocido, qué es el Panteón Real y qué paisaje le rodea.

En Secundaria es momento de partir del monasterio para que se pongan a trabajar sobre los primeros reyes de Aragón, por grupos, y que luego expongan sus descubrimientos en clase. Bachillerato permitirá recuperar al propio Conde de Aranda, al movimiento de los Ilustrados, la leyenda negra que tejieron sus enemigos, su imagen en el arte, su labor empresarial como impulsor de las fábricas de cerámica de Alcora... Todos esos datos permitirían compartir, en clase, lo qué sabemos del conde de Aranda y valorar la enorme importancia que tiene en la Historia de España.

 

 

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