Clases entre ajos y tomates

 

Un centenar de colegios e institutos aragoneses cuentan en sus instalaciones con espacios para sembrar, cuidar y recolectar verduras y hortalizas

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Más de un centenar de colegios e institutos aragoneses cuentan en sus instalaciones con un espacio destinado a las patatas, las cebollas, los tomates, los ajos y las lechugas. Son los alumnos, con la ayuda de los padres y los profesores, los que se encargan de plantar, cuidar, observar el crecimiento, y posteriormente recolectar las verduras y hortalizas para, finalmente, consumirlas.

La iniciativa de instalar huertos en los centros educativos surge en Zaragoza hace 30 años y se ha ido extendiendo a otros centros y localidades aragonesas. Ahora esta semilla ha dado sus frutos en el primer Concurso Nacional de Huertos Escolares Ecológicos. El CEIP Hilarión Gimeno de Zaragoza ha obtenido el segundo premio en la categoría de Primaria, mientras que en Secundaria, han resultado finalistas el IES Avempace, el IES Rodanas de Épila y el CRA Javalambre de Olba (Teruel). En el concurso, organizado la Asociación Vida Sana y la Fundación Triodos, han participado 157 centros de toda España. Los tres centros zaragozanos pertenecen a la Red de Huertos Escolares Agroecológicos que el ayuntamiento de la ciudad puso en marcha en el 2010. En la actualidad un centenar de centros de la capital aragonesa forman parte de esta red, que aglutina a cerca de 10.000 estudiantes de distintos ciclos.

Aprender a cuidar un huerto

En el Hilarión Gimeno, los alumnos de Infantil y Primaria visitan el huerto a diario para sembrar, plantar y ver crecer acelgas, lechugas, ajos o fresas. Cada espacio del huerto le corresponde a un grupo para plantar lo que le toque ese curso y hacen un seguimiento.

La actividad tiene múltiples beneficios para los alumnos. "Los escolares aprenden el origen de las hortalizas que forman parte de su alimentación diaria y conocen de primera mano el tiempo y el trabajo requerido desde que se siembra o planta un cultivo hasta su cosecha, lo que les hace valorar el trabajo de los agricultores. Cultivar el huerto también ayudan a adquirir hábitos saludables en la alimentación, ya que está demostrado que los estudiantes incorporan más fácilmente a su dieta las verduras y hortalizas", explica la coordinadora del proyecto, Pilar Trujillo.

Marina Lorente y Daniel Salvador comenzaron a trabajar el huerto escolar con 3 años y ahora con 9 son unos hortelanos experimentados, al igual que sus compañeros de 6° de Primaria. Según explican, dedican mucho tiempo en clase a preparar lo que van a hacer en el patio y cuando bajan, se dedican a "plantar cosas y hablar de lo que plantamos". Lo que más les gusta es "ver cómo crecen las verduras". Durante estos años han conocido plantas que no habían visto nunca --"como la mostaza"-- y han aprendido "cómo hay que cuidar un huerto para que sea ecológico y que no haya pesticidas". La verdura, según cuentan, "es bastante mejor que la del supermercado; se nota mucho la diferencia".

De esta manera, "el huerto se convierte en un aula más donde los niños aprenden de todo", indica Trujillo. Además de las labores agrícolas, los estudiantes realizan trabajos para otras asignaturas: escriben poemas a la naturaleza, crean los enunciados de sus propios problemas y observan al microscopio las plantas e insectos que habitan en su parcela.

Sin productos químicos

Uno de los requisitos de la red de huertos de Zaragoza es que sean ecológicos y que el agua para regar se utilice de forma eficiente. "Aquí no entra ningún producto químico, sino que todo es natural, desde el abono hasta los plaguicidas, y el riego se hace por goteo", indica Pilar Trujillo. Por ejemplo, para combatir el purgón se utilizan unas gotitas de agua con jabón de tajo rayado, y para que las babosas no se coman las plantas, se pone trocitos de cáscara de huevo a su alrededor.

De estos cuidados se ocupan fundamentalmente los padres y abuelos de los alumnos que acuden al centro tres veces por semana. Ernesto Rodríguez acompaña a los pequeños en sus incursiones al huerto. "Ninguno tenemos conocimientos previos, lo que ocurre es que supertodopoderoso Google ofrece bastante información y vamos aprendiendo poco a poco", explica. Ernesto asegura que es una experiencia muy enriquecedora para los chavales. Entre borrajas, coles, pimientos y azafrán, aprenden en qué momento hay que plantar, la importancia que tienen las lunas o las tres erres de la ecología: reducir, reutilizar y reciclar.

Los 500 euros del premio que han obtenido los van a invertir en la construcción de un invernadero. Pero además de los alumnos del Hilarión Gimeno, muchos estudiantes aragoneses aprenden labores agrícolas en los centros educativos. La producción de los huertos se dona a las familias con más necesidades, se reparte entre todos los alumnos o incluso se aprovecha en los comedores.

 

 

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