Un arte diferente

 

Visitamos el Museo de Historia, el Palacio de Sástago y la biblioteca Ildefonso Manuel Gil para conocer de cerca las vanguardias artísticas

Elena Abances Utrilla, 4º ESO IES Grande Covián

La calle, dos salas de exposiciones y la biblioteca del IES Grande Covián de Zaragoza se convirtieron en escenario, el pasado 5 de noviembre, de una obra de teatro en tres actos titulada Esto no es una excursión. Desde el principio los alumnos comprendimos el guiño que el título de la guía de trabajo suponía a la obra de Magritte, Ceci n'est pas une pipe. El recorrido por el arte de vanguardia comenzaba con una intencionada falta de ortografía que jugaba con la provocación y la tipografía como buen hijo de los «ismos» un siglo más tarde.

El primer acto nos sumergió en un arte mucho más irracional y escandaloso del que estábamos acostumbrados: la poesía visual en el Museo de Historia. Durante el segundo acto, a través de sus obras y mediante la colaboración de una guía, descubrieron cuán extravagante y peculiar fue Dalí. Para finalizar, y a modo de desenlace feliz y algo menos intenso visitamos la biblioteca Ildefonso Manuel Gil y tuvimos la privilegiada oportunidad de observar y tocar algunos de los libros que custodia.

Obras de autores de la talla de Susana Blasco, Helena Santolaya e Isidro Ferrer cubren las paredes de la exposición ¿Poesía visual en Aragón? en el Museo de Historia y nos envuelven en la ruptura con lo establecido, haciéndonos pensar y pensar hasta tratar de descubrir el fin con el que fueron creadas. Personalmente, no hubo ninguna invención que me dejase indiferente y no me transmitiera algo. Te acercas, las miras y ellas te miran también a ti; te susurran y te gritan, te muestran y te ocultan su significado. Realmente esta exposición me mantuvo despierta toda la mañana. A ello contribuyó la suerte de que alguno de los autores que exponían nos dedicaran algunos minutos.

El segundo acto nos sumergió en el mundo de alucinado y alucinante de Salvador Dalí en el palacio de Sástago. Los sueños caprichosos de Pantagruel, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha y Las fábulas de La Fontaine fueron las tres series de obras que pudimos admirar mientras una agradable guía nos proporcionaba datos curiosos sobre estas y nos narraba la vida de su autor. Merece la pena pararse a observar sus estampas y obras, y resulta ciertamente útil a la hora de interpretarlas el preocuparse por conocer la historia que narran. Respecto a lo que aprendí de este artista surrealista, cabe destacar lo poco desapercibido que pasaba, luciendo su omnipresente bastón, y atrayendo todas las miradas hacia su recto mostacho.

La intensa mañana casi tocaba a su fin, pero todavía nos deparaba una última sorpresa con la visita a la escondida sala que oculta el Palacio de Sástago como si de la biblioteca de Hogwarts se tratara. La biblioteca Ildefonso Manuel Gil abría sus puertas y descubría ante nosotros grandes cristaleras y estanterías abarrotadas de libros que han conservado sus conocimientos durante más de un siglo. Los anaqueles embellecen la sala, sin restarle importancia a la enorme mesa que luce elegantemente en el centro de la sala. Las historias que nos contaron pronto comenzaron a sobrevolar las escaleras de caracol y los pasillos superiores prohibidos al público. En torno a la mesa y cómodamente sentados cual investigadores enfrascados en su tarea, pudimos admirar, oler, tocar y sentir algunos hermosos ejemplares conservados en perfectas condiciones. Para quien ame los libros tanto como yo lo hago, aquel fue un momento lleno de emoción.

Aquella mañana multiplicó sus horas; conocimientos, datos y emociones bullían de vuelta a casa. Sólo quedaba colocar cada uno en su sitio.

 

 

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