Sherlock Holmes y la mente del asesino

 

Sara Ramada, La Salle Montemolín

Estimado diario: Siempre he pensado que es más fácil confiar en un cuaderno que en una persona, porque lo que escribas, si eres cauto, podrás controlar quién lo lea, pero cuando lo sabe alguien más se hace incontrolable.

Por esa razón te confío a timi gran secreto que ambos llevaremos a la tumba. Todo esto no lo hice solo por mí, también pensé en Holmes. Él no se merecía el olvido en que estaba cayendo. Los casos le llegaban a cuenta gotas, y estaba perdiendo su reconocimiento y su fama de siempre, lo que significaba que yo también.

Sir Charles realmente murió por algo de su corazón, y posiblemente si imaginación también ayudó. Cuando descubrí el caso, le envié al Doctor Mortiner una carta anónima para hacerle desconfiar de su lógica y que acudiese a Sherlock. El ingenuo de él no tardó ni un día en venir.

Una vez conseguí que Holmes me enviará a la mansión Baskerville, planeé cómo iba a jugar mis cartas al margen de Holmes. Me tomé mi tiempo haciendo amistad con quienes serían mis víctimas, pensando las falsas pistas y demás detalles. Una vez hube atado todos los cabos, empecé a desarrollarlas.

Primero cree el personaje Laura Lyons, una asesina a sueldo en realidad. Su papel era situarse en el día y hora de la muerte de Sir Charles, pero culpando a su amante Stapleton. Luego coloqué la carta en la chimenea. Después compré el gran sabueso y preparé el fósforo con el que lo pintaría. Lo escondí en la ciénaga, ya que nadie pensaría en mi porque supuestamente solo una persona sabe llegar. Todo iba sobre ruedas y tenía a Holmes engañado gracias a los informes. Pensaba esperar el transcurso de unas semanas más, pero la llegada de Holmes me hizo actuar, ya que con él presente era más difícil todo, y sime descubría, sería horroroso.

La última noche estábamos detrás de la casa Memipit, pero Laura Lyons estaba también la zona esperando para saltar al gran perro que atacaría cuando se le diera la orden. Todo salió como debía. Con Sir Henry fuera del mapa, solo quedaba Stapleton, el principal sospechoso de mi compañero, así que en un momento de descuido lo dejé inconsciente, y aunque me dio pena porque en el fondo era buena persona, lo llevé a la ciénaga. Firmado: Watson.

 

 

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