Violencia en el fútbol

 

El asesinato de un hincha del Deportivo reabre el debate sobre los ultras en el deporte

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

La muerte de un hincha del Deportivo durante un viaje de su equipo a Madrid ha reabierto el debate sobre la permisividad del mundo del fútbol con los grupos de aficionados ultras. Aunque la presión de algunos clubes y de la Policía ha hecho que algunos de los más activos y peligrosos desaparezcan en los últimos años o tengan prohibida la entrada a los estadios, los aficionados que usan a los equipos como un marco para la violencia han proliferado en los terrenos de juego.

En el caso de la batalla campal de hace dos semanas junto al estadio Vicente Calderón, el enfrentamiento se produjo entre el grupo Frente Atlético, dirigido por personas con ideología de extrema derecha, iconografía que se puede percibir claramente en sus pancartas, y los Riazor Blues, de extrema izquierda y que agrupan a sectores de diferentes grados de violencia, entre los que destacan por su radicalidad Los Suaves.

El aficionado deportivista ha sido la última víctima de la violencia relacionada con el deporte en nuestro país. Desde 1982 otras ocho personas han fallecido en incidentes y enfrentamientos en torno a partidos de fútbol. Entre ellas figura la muerte por una patada de un Riazor Blues a un aficionado de su propio equipo por intentar defender a un seguidor del equipo rival en el 2003, y el asesinato del seguidor de la Real Sociedad Aitor Zabaleta, que fue acuchillado por un miembro del Frente Atlético en 1998. Esta última generó un gran impactó y marcó un antes y un después en la percepción que la sociedad tiene de los ultras.

El presidente de la Federación de Peñas Zaragocistas, José Vicente Casanova, muestra su "repulsa total", tanto a los incidentes de la semana pasada como a otros "con consecuencias menos desagradables", si bien no le sorprende que suceda algo así. "En estos colectivos hay gente que muchas veces no es dueña de sus actos". Casi todos los equipos de Primera y Segunda División cuentan entre sus aficionados con grupos ultra, corriente importada en los años 80 del movimiento hooligan inglés. "Dentro del campo, estos grupos suelen ser el principal foco de animación del equipo locales pero también suelen ser el origen de los canticos menos adecuados en un ambiente deportivo. Fuera de los terrenos de juego, se les identifica por su estética, suelen ir en grupos grandes y son en su mayoría chavales jóvenes, que campan con cierta seguridad ", detalla el presidente.

Los encontronazos entre grupos de aficionados radicales ocurren habitualmente cuando los equipos se desplazan a disputar encuentros a otras ciudades, aunque por norma general entre las aficiones rivales se respira buen ambiente y no se producen este tipo de altercados. "Los conflictos surgen cuando dos de estos grupos se encuentran entre sí o se citan para resolver sus diferencias", dice Casanova, que se muestra totalmente contrario a estas actitudes violentas. "Desde la federación siempre hemos estado trabajando por limpiar el fútbol de este tipo de personas".

Los grupos ultras no forman parte de las federaciones de peñas de sus equipos y en muchos casos ni siquiera estas constituidos como asociación. Equipos como el Barcelona y el Real Madrid han sido los primeros en tomar medidas para expulsarlos de las gradas de sus estadios. En Zaragoza, el grupo ultra Ligallo "no forma parte de la federación de peñas zaragocistas, si bien es cierto que en los últimos tiempos que nos ha tocado vivir, en los que estaba peligrando la supervivencia del club, se ha unificado a toda la afición zaragocista para realizar movilizaciones masivas y han sido un apoyo importante", cuenta Casanova.

Los episodios violentos y racistas son algo común en el fútbol, hasta el punto en que muchos aficionados, sobre todo familias con niños, se cohiben a la hora de desplazarse con sus equipos a partidos fuera de casa para evitar encontrarse con estas situaciones. Según explica el presidente de las peñas zaragocistas, "desde la federación estatal de peñas, uno de los aspectos que queremos solucionar es precisamente el tema de los viajes. Cuando visitas el campo rival, se pone en la misma zona de la grada a todos los aficionados visitantes, sin distinguir el tipo de afición. En algunos casos, cuando algunos de estos colectivos se encaran o empiezan a provocar a la afición local, generan problemas como una intervención policial en la grada en un determinado momento o el lanzamiento de objetos sobre todos los aficionados visitantes". Por ese motivo, añade: "Desde la federación estatal proponemos que a la hora de viajar haya una distinción entre los grupos radicales y el resto de los aficionados".

Expulsión merecida

En cuanto a la decisión de expulsar a los radicales de los campos de fútbol, como sucedió la semana pasada con el Frente Atlético y los Riazor Blues, Casanova se muestra de acuerdo. "Siempre estamos a favor de eliminar la violencia en todos los actos. De hecho, uno de nuestros principales objetivos es lograr el hermanamiento y la buena relación con el resto de las aficiones, por tanto nos parece buena idea", indica. Pero erradicar la violencia y el racismo del deporte no solo depende de la voluntad de los seguidores. Según José Vicente Casanova, "los clubes son los que más tienen que hacer en este aspecto porque al final son ellos los que administran los campos. Hay que preservar y proteger al máximo que, tanto dentro del estadio como en las inmediaciones, no se vea menoscabada en ningún momento la libertad de nadie, sea de donde sea o piense lo que piense".

 

 

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