Lee un libro, no te lo pierdas

 

Luis Negro, profesor durante el curso 2011/2012, en el colegio Calasanz de los Padres Escolapios en la ciudad de Bata (Guinea Ecuatorial)

Acabamos de estrenar un nuevo año y con él un montón de buenos propósitos para hacernos crecer personalmente y en nuestra relación diaria con los demás. Y si nos paramos a pensar un poco, nos daremos cuenta de que cada segundo de nuestra existencia está conectado con el de un montón de personas, pues no somos seres aislados, sino interdependientes, y cada uno de nuestros actos, al igual que las olas sobre la arena, tiene un reflejo en nuestro entorno más inmediato, e incluso en la sociedad. Porque los grandes cambios solo son posibles a través de acciones cotidianas y pequeñas, como por ejemplo, decir: "¡hola! ¿Cómo estás?", trazar con los labios una sonrisa amable a ese compañero con el que casi nunca hablamos, ayudar a recoger los platos de la mesa después de comer, compartir nuestra alegría y tristezas con quien confiamos...

Todas estas son actitudes que nos hacen bien y hacen sentir bien a quienes nos rodean. Hemos nacido para ser felices y nuestra existencia solo tiene sentido si nos esforzamos por lograr este objetivo. Pero la verdadera felicidad no se encuentra en la búsqueda exclusiva de nuestra satisfacción y bienestar personal, sino en la positiva interacción que generamos en nuestras relaciones con los demás. Así pues, somos inmensamente felices y solo la no consciencia de este estado natural de la Humanidad es la que hace infelices a las personas.

Pensemos por ejemplo en la fortuna inmensa que tenemos por el don de la palabra, la escritura, y la lectura. San José de Calasanz, el santo aragonés que en 1597 abrió en Roma la primera escuela gratuita para niños pobres, decía siempre a sus alumnos: nulla die sine linea (¡leed todos los días!). Porque el pedagogo escolapio sabía perfectamente que es mediante la lectura como la mente se ejercita y trabaja, de manera que, a través de la adquisición de ideas y conocimientos, cada persona tenga las mismas oportunidades para desarrollar sus cualidades, aptitudes, actitudes y valores sociales. Y un libro es en sí mismo un tesoro, una caja mágica llena de ocultas sorpresas cuyo descifrado requiere de una sola y divertida clave: su lectura.

En Europa somos afortunados. Disponemos de bibliotecas en nuestros colegios, así como en nuestras ciudades y pueblos. Pero pensemos, por ejemplo en muchos países de África. En este continente, son millones de niñas y niños quienes no pueden leer, no ya porque no sepan (siendo de todos modos aún muy alto y preocupante el índice de niñas y niños africanos que aún no tienen acceso a la educación) sino porque aun sabiendo y queriendo disfrutar de la lectura, no tienen un libro para poder leer. Se dice a menudo que las personas no apreciamos lo que tenemos hasta que nos falta. Si cerramos los ojos pensando en esta idea, quizás si al abrirnos nuestra mirada se encuentra con la portada de un libro, su lectura nos parezca entonces más sugerente. Los libros nos transportan a mundos inimaginables, y tienen el efecto terapéutico de desarrollar nuestra creatividad, y estimular hábitos de conducta saludables con nuestro entorno y quienes nos rodean. Leer es fascinante, no te lo pierdas.

 

 

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