Manuel de Ebro

 

Relato ganador del Concurso de Cuentos Matemáticos del Colegio Santa María de la Esperanza, de Pina de Ebro, en la categoría 1° y 2° de ESO

Esperanza Cebollero Guíu, 1º ESO

En un pueblo de bárbaros apareció un día una bruja muy mala muy mala. Al principio se disfrazó de una mujer bellísima. Todos los hombres se abalanzaron hacia ella, todos querían ser sus novios, así que cada semana saldría con uno, pronto consiguió la confianza de todos.

Cada tres días hechizaba a uno, pero no sabían que era ella. Los hechizaba convirtiéndolos en unos debiluchos incapaces de levantar ni una diminuta piedra, sólo podían decir una operación matemática y sin parar de repetirla todo el rato.

Al principio hechizó al herrero, que no paraba de repetir 400 x 56, 400 x 56, 400 x 56... Después también hechizó al dueño del bar, que no paraba de repetir 50:5, 50:5, 50:5, 50:5... A continuación al pescadero, que no paraba de repetir 444-111, 444-111, 444-111, 444-111...

Y así continuó durante un mes, diez hombres habían caído ya en el profundo hechizo. Faltaban sólo dos días para que hechizara a otro hombre. Pero seguían sin saber que era la bruja disfrazada de la bellísima mujer.

El rey estaba desquiciado y ya no sabía qué hacer, había descubierto que para romper el hechizo debían resolver las operaciones, pero nadie sabía matemáticas. Decidió mandar a dos hombres en los que confiaba plenamente a por el más listo de Aragón. Después de un mes, cuando ya había hechizado a veinte personas, volvieron los dos hombres con Manuel, un chico de Pina de Ebro.

Escuchó todas las operaciones y las apuntó en una libreta. Al cabo de un rato las resolvió y respondió a los hechizados, pero en vez de curarse empeoró el hechizo y ahora en vez de repetir operaciones repetía problemas. Si te comes 10 manzanas, les das 3 a tus amigos y tenías 20, ¿cuántas manzanas te quedan? Está vez era el mismo problema para todos pero tenía miedo de contestar por si volvía a empeorar.

El rey le dijo que lo volviese a intentar, así que resolvió el problema. "Te quedan 7 manzanas", esta vez ya no decían ningún problema ni ninguna operación, decían "Vienen hacia aquí, nos quieren conquistar".

El rey se empezó a preocupar aún más porque la mitad de sus hombres estaba en un hechizo. Le volvió a pedir ayuda a Manuel. Manuel se puso a pensar y pensar, al final se le ocurrió hacer unas catapultas, unos arcos y flechas para poder defenderse de los invasores.

La bruja empezó a preocuparse de que Manuel descubriera lo que intentaba hacer y decidió hacerse amiga suya. Durante una semana intento hacerse su amiga, pero no le daba muy buena espina y se negaba a ir con ella. La bruja se enfadó mucho.

Intentó hipnotizarlo pero no pudo porque Manuel andaba ocupado preparando armas y estrategias para que no pudieran conquistar el pequeño pueblo. Y como nada funcionó le echó el poderoso hechizo a él también. Como Manuel era el chico más listo de Aragón, puede incluso que de España, pudo realizarse la operación y el problema. Pero aun con todo después del problema de matemáticas va una frase, pero al saber ya que les invadían, lo que Manuel decía era: "Al amanecer el día después de luna llena". El rey preocupado mandó retomar el trabajo con las armas que había empezado a hacer Manuel. Las tenían que hacer muy rápido porque la invasión era dentro de tres días.

Fueron tres días muy duros porque al no estar Manuel, tenían que inventar nuevas estrategias, ya que sólo había un hombre en todo el poblado que sabía leer y estaba bajo los efectos del hechizo. Además la bruja intentó fastidiarles los planes y las armas. Con suerte los hombres se dieron cuenta, pero ya sólo quedaban seis hombres, de todas formas la atraparon, pero con sus poderes mágicos logró escaparse.

Descubrieron que pertenecía al pueblo que les intentaba invadir. Al día siguiente era el día de la invasión y los hechizos se habían pasado. Ahora tenían que modificar todos los planes, menos mal que estaba Manuel para organizarlo todo. Lo malo es que estaba un poco adormecido por los efectos del hechizo. Sin embargo, al final lo consiguió.

Era el día del combate y tenían todo preparado, estaban listos, en sus puestos de combate, mientras se acercaba el otro pueblo se palpaba el estrés en el ambiente.

Llegaron, empezaron a llover flechas por todos lados, la bruja les había dado indicaciones sobre las armas que habían elaborado. Tuvieron que sacar las catapultas y empezaron a lanzar piedras, sandías, melones... Ya estaban ganando pero de pronto sacaron los otros una bomba, la clave para desactivarla era una operación, si la hacían bien habrían ganado pero si no, perderían la batalla, la operación era "80x(8-5)". Manuel respondió enseguida "240". Los guerreros del otro pueblo se retiraron tal y como habían prometido.

Habían ganado la invasión, ya no había nadie hechizado, todo había concluido. Pese a ello, Manuel decidió quedarse en ese pequeño pueblo. El rey le ofreció trabajo de profesor de matemáticas para grandes y pequeños. Manuel aceptó, pero con una condición, que pudiese ir cada mes el primer sábado a Pina de Ebro a ver a su familia. El rey no aceptó, no se fiaba: ¿y si decidía quedarse en Pina?, pensó. Se lo explico a Manuel. Él lo entendió, pero aun con todo se enfadó, sin embargo pensó: ¿qué sería de este pueblo sin mi?, así que no le quedó más remedio que aceptar. Después de un mes desde la lucha, aparecieron por el pequeño pueblo la familia de Manuel. Iban muy enfadados, le decían "vuelve a tu pueblo, vuelve a casa".

Él se emocionó mucho al verles a todos allí por él. Con lo cual quiso volver a casa con su familia. El rey indignado le dijo: --No te atrevas a irte, teníamos un trato.
--Es verdad, tienes razón, pero como les echo de menos quiero irme, haremos una cosa: si resolvéis este problema me quedo, pero si no lo resolvéis me voy y le ponéis mi nombre al pueblo. Allá va el problema: Tu madre te da 5 monedas y tu abuela 7, te gastas 4, ¿cuántas monedas te quedan?
--Te quedan 8 monedas.
--Muy bien, has acertado, me quedaré.
--Así me gusta, pero aunque haya ganado pondremos tu nombre al pueblo.

Y como lo prometido es deuda, el pequeño pueblo pasó a llamarse Manuel de Ebro. Su familia para no estar tan lejos de él se quedó a vivir allí. Pronto aquel pequeño pueblo pasó a convertirse en una gran ciudad con una estatua de oro de Manuel justo en el centro de la ciudad.

 

 

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