Un amor valiente

 

Virginia Dueso Aznárez, El Pilar Maristas

Érase una vez que se era un príncipe que vivía en un castillo muy grande. Había estado buscando una princesa para casarse con ella hacía ya años, porque su mujer había luchado contra una enfermedad pero había fallecido. No encontraba a una princesa tan valiente como su anterior mujer, y dijo que si había una princesa capaz de matar al dragón que vivía en un lago cercano al castillo se casaría con ella.

Las princesas que querían casarse con él tenían que ir al castillo y coger la espada de oro. Había guapísimas princesas que habían intentado matar al dragón con esa espada, pero habían sido devoradas. Un día apareció una chica que decía ser princesa, pero llevaba ropa muy vieja y nadie le creyó. Se llamaba Bella. Por la noche Bella entró al castillo sin que nadie le viera y cogió la espada de oro.

Bella con sus viejas ropas fue al lago y vio al dragón. El dragón estaba esperando a otra guapa princesa para comérsela pero al ver que Bella llevaba manchas en la cara, pelo corto, ojeras, y ropa rota, se dio un susto y se desmayó.

En este momento Bella corrió hasta donde estaba el dragón y le clavó la espada de oro, y finalmente murió. Bella le cortó la cabeza y fue al castillo con la cabeza del dragón. Cuando el príncipe la vio no podía creérselo.

Ordenó a sus sirvientes que la ducharan y le dieran ropas bonitas y nuevas, porque decía que se iba a casar con ella.

Al día siguiente Bella estaba guapísima, llevaba un vestido rosa muy bonito y una diadema que le recogía el poco pelo que tenía. El príncipe le preguntó que porqué no llevaba el pelo largo como todas las princesas y porqué su ropa estaba tan rota. Ella respondió que una enfermedad había acabado con todo su pelo. Al ver que el pelo se le estaba cayendo, sus padres la abandonaron en el bosque. Había luchado contra serpientes, cucarachas, arañas gigantes y el reto más difícil: contra su enfermedad.

El príncipe al oír esto le dijo: «Te acabas de convertir en la reina más guapa y más valiente que he conocido, no hace falta tener una larga melena para ser la reina más valiente de este reino». El rey y la reina se casaron y vivieron felices para siempre. Y nunca jamás nadie pudo con ese amor que había unido la valentía de lucha contra una misma enfermedad.

 

 

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