Un mundo desigual

 

La brecha entre ricos y pobres genera diferencias en muchos aspectos, como en los derechos y en el acceso a los servicios

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

"Nunca antes ha habido una desigualdad social como la de ahora". Con estas palabras, Rosalía Riambau, responsable de Oxfamn Intermón en Aragón, resume las principales conclusiones del último informe Tenerlo todo, querer más elaborado por la entidad, para poner de manifiesto la brecha entre ricos y pobres que existe actualmente en el mundo. Según Riambau, hay que diferenciar entre pobreza y desigualdad, que no son lo mismo. "Mientras países como China, India o Brasil, han tenido un crecimiento económico bueno y rápido en los últimos años, este crecimiento se concentra en manos de unas pocas personas y empresas, y el resto de la población está igual o peor que antes", explica.

La responsable de Oxfam define la desigualdad social como la situación en la que "unos pocos tienen mucho y unos muchos tienen poco", lo que da lugar a "grandes diferencias en muchos aspectos", como en los derechos o en el acceso a servicios básicos.

Lejos de disminuir, la desigualdad social no ha dejado de aumentar durante los últimos años, hasta el punto de que, para el 2016, se estima que el 1% más rico de la población mundial tendrá más dinero que el 99% restante, según el estudio elaborado por Oxfam Intermón. Es decir, un 1% de la población poseerá más del 50% de la riqueza del mundo, y el resto se repartirá entre el 99% restante. En el primer grupo se enmarcan los 85 milmillonarios que hay en el mundo, personas con cantidades desorbitadas de dinero que atesoran la misma fortuna que se reparten otros 3.500 millones de habitantes.

Según el estudio de Oxfam, España es también el segundo país de Europa donde más ha crecido la desigualdad social en los últimos años, por detrás de Letonia. "España, como muchos otros países, ha sufrido los efectos de la crisis, que tienen mucho que ver con un sistema fiscal (recaudación de impuestos) que no es progresivo (el que más tiene, más paga) ni está encaminado a una redistribución de la riqueza", explica Riambau, que señala como otro de los motivos de este incremento los recortes en servicios públicos, que poco a poco se están convirtiendo en un bien accesible a quienes pueden pagarlos.

Además de en los países occidentales afectados por la crisis, la desigualdad social se extiende por todo el mundo. "Es un problema que afecta a todos los países, en mayor o menor medida y a todos los niveles", afirma la especialista. La desigualdad puede darse cuando la riqueza de un país no está bien distribuida, pero también cuando no lo están otros recursos, como el de la propiedad. "Hay países donde la desigualdad se concentra en la tenencia de la tierra, como Arabia Saudí o Rusia, que tienen grandes propiedades en manos de pocas personas y el resto repartidas entre muchísima gente. Este también es un elemento de desigualdad", subraya la portavoz de Oxfam Intermón.

Una brecha "inconcebible"

Algunos expertos defienden que la desigualdad social en sí, si es una desigualdad comedida, no tiene porqué ser mala. Y que una cierta desigualdad social puede ser buena porque tiene un efecto motivador que hace avanzar a la sociedad. Pero en este caso, según explica Riambau, hablamos de una desigualdad extrema que debilita el crecimiento económico. "Lo que pasa con la desigualdad extrema es que genera que las personas que tenían poco tengan aún menos y las personas que tenían mucho tengan aún más, y esto es algo inconcebible".

Además, la desigualdad social extrema aumenta la pobreza extrema, lo que a su vez genera un aumento de la desigualdad entre hombres y mujeres. "El hecho de que existan estas diferencias afecta por lo general más a la mujer que al hombre, por ejemplo en tema de salarios. En muchos países los salarios son inferiores para las mujeres que para los hombres que desempeñan el mismo trabajo, y el acceso a ciertos servicios, como la educación, también es menor en el caso de las mujeres", advierte.

En cuanto a los países occidentales más desarrollados, la desigualdad social también tiene consecuencias en el acceso a los servicios, ya que una menor inversión de los estados en políticas públicas hace que estos sean cada vez más deficientes. "En muchos casos se promueve la privatización de servicios públicos, con lo cual se cierra aún más el acceso a las personas que tienen menos", indica la portavoz de Intermón, que concluye que "la desigualdad es como un círculo vicioso que alimenta otras diferencias sociales.

El problema de la desigualdad social es evitable si existe voluntad política para solucionarlo. "Los gobiernos pueden y deben actuar beneficiando a las personas que menos tienen e introduciendo políticas que redistribuyan el dinero y el poder de una forma más equitativa", afirman desde la entidad.

 

 

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