Aragón se viste de Carnaval

 

Numerosas localidades celebran estos días esta fiesta de origen ancestral

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Desde el pasado jueves, Jueves Lardero, numerosas localidades de la comunidad aragonesa se encuentran inmersas en la celebración del Carnaval. Las murgas, los disfraces y las máscaras características de esta fiesta, invaden las calles de numerosos pueblos y ciudades para dar rienda suelta a la diversión y al desenfreno. No en vano, en los primeros siglos en los que comenzó a celebrarse, el Carnaval recibía el nombre de "fiesta de los locos", un periodo de libertad y permisividad en el que los humanos mostraban su lado más oscuro y salvaje.

Así lo señala Manuel Mandianes, antropólogo del Consejo Superior de Investigaciones Sociológicas (CSIC), que considera que nadie conoce el origen de los Carnavales aunque se mencione como antecedente las Saturnales romanas, porque "su origen puede ser tan antiguo como el culto a los antepasados celebrado en los albores de la humanidad".

De esta forma, en Carnaval los muertos visitan el espacio de los vivos, a diferencia de lo que ocurre durante Todos los Santos, cuando son los vivos los que se internan en el mundo de los muertos. "Todo enmascarado es un antepasado que vuelve", dice el sociólogo. Solo los que han traspasado los límites de la existencia humana disfrutan de plena libertad, que se manifiesta durante el Carnaval en una falta de normas y horarios, permisividad y desenfreno de instintos y sentimientos, "donde uno puede burlarse de lo divino y de lo humano".

Breve historia

De origen pagano, el Carnaval se ha vestido de distintas formas a lo largo de la historia, pero siempre ha mantenido el mismo espíritu: unos días de transgresión del orden establecido, en los que los de arriba estan abajo, y los de abajo toman el poder y hacen, por un momento, lo que el resto del tiempo no les está permitido. "Los únicos límites a la libertad en estos días son los de la imaginación. El Carnaval es la desestructuración del orden establecido, el caos organizado. El ser humano se siente prisionero de las limitaciones de la naturaleza y durante el carnaval vive como si no hubiera límites", dice Manuel Mandianes.

Algunos autores sitúan los orígenes del carnaval en las fiestas paganas, sobre todo en las Saturnales romanas que se iniciaban el 17 de diciembre y en las que se honraba a Saturno, dios de la agricultura. Una de las costumbres más conocidas de las Saturnales consistía en la libertad que se daba a los esclavos, que a veces eran incluso servidos por sus señores. Los esclavos, además, elegían a un rey bufo que gobernaba durante las fiestas, presidía los bailes y finalmente era sacrificado.

Con la llegada del cristianismo, las Saturnales fueron debilitándose, pero comenzaron a desarrollarse otras fiestas, las llamadas fiestas "de locos", en la que miembros menores del clero se vestían de obispos y de otras autoridades religiosas y hacían burlas y cantaban canciones satíricas contra el poder. A medida que estas fiestas de locos y de subversión del orden establecido se van estableciendo en las ciudades, las clases más pudientes se apropian del ritual y lo adaptan a su medida. Comienzan las comparsas y se dice que la costumbre de sacar carrozas a la calle también viene de aquella época. En el siglo XV, los conquistadores españoles y portugueses llevaron la fiesta del Carnaval a América, donde está muy arraigada en países como Brasil.

Días de prohibición

Si algo caracteriza hoy en día a los Carnavales de todo el mundo es el ser un periodo de de permisividad y cierto descontrol en los disfraces, desfiles y fiestas callejeras que se celebran, lo que ha hecho que en distintas épocas y países esta fiesta haya sido prohibida. En las sociedades fuertemente estructuradas por el cristianismo, las carnestoladas eran un lapso de tiempo que se oponía a la represión y a la severa formalidad.

De esta forma, no es de extrañar que una fiesta tan transgresora fuera reprimida por un régimen como el franquismo. Aunque la historia del Carnaval en España ha sido algo accidentada, con distintas épocas en las que su celebración ha estado prohibida, Franco fue el más contundente con su prohibición, precisamente porque el carácter de burla y de desenfreno casaba mal con la mentalidad del general. En aquellos años, las festividades cambiaron. Surgieron nuevas y otras como el Carnaval, desaparecieron. Este se siguió celebrando en ciudades como Cádiz o Tenerife, disfrazado como Fiesta de Invierno y sometido a una severa censura. No fue hasta 1977 cuando se celebrarían los primeros carnavales democráticos y con absoluta libertad.

 

 

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