Riada histórica

 

La ribera del Ebro recibe una de las mayores crecidas del río en las últimas décadas

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Las lluvias y las nevadas registradas en el último mes han hecho que el río más caudaloso de la península se desborde. Esta vez el Ebro se ha puesto serio, inundando muchos de los municipios y campos situados a ambos lados de su cauce como muy pocos recuerda. La actual crecida se compara ya con la que tuvo lugar en 1961.

Pese a la alarma que ha generado y las impactantes imágenes de grandes áreas inundadas que se han visto estas semanas, el geógrafo y profesor universitario Alfredo Ollero recuerda que "la naturaleza es imprevisible" y "las riadas son algo habitual y ocurren en todos los sistemas fluviales de los cinco continentes, incluso en las corrientes de agua de los desiertos". Además, indica que "las crecidas del Ebro son tan habituales como las de otros ríos", lo que hace que parezca más espectacular es "la anchura que tiene el cauce, de unos 3 ó 4 kilómetros, que suele ocupar entero cuando baja crecido".

La cuenca del Ebro es una de las más amplias. En su margen izquierda abarca todos los ríos pirenaicos, y en la derecha, los que nacen en el Sistema Ibérico. En los ríos pirenaicos se producen más precipitaciones y como en las zonas altas hace más frío, muchas de ellas quedan almacenadas en forma de nieve. Debido a las lluvias y al deshielo, el caudal del Ebro aumenta, dando lugar a las temidas crecidas.

A todo ello se añade que "la pendiente del tramo del Ebro en la que vivimos nosotros, es bastante baja, por eso el río ha podido hacer en esta zona una llanura para desbordarse", apunta el profesor, que asegura que "el río sabe que tiene que autorregularse y por eso, en determinadas zonas, establece un sector para ensancharse y de esta forma reducir su energía para evitar ocasionar daños más abajo".

Es decir, es la propia geografía de Zaragoza la que hace que la provincia sea una de las zonas más golpeadas por las crecidas del Ebro y que muchos de los municipios de la ribera se inunden cuando hay una crecida. Las motas y los diques lo mantienen canalizado pero llegado un punto, el agua supera estas barreras artificiales. Este punto se denomina 'punta de la crecida', el nivel máximo que alcanza el río durante una crecida. Gracias a las modernas herramientas de predicción que existen hoy en día, puede saberse qué nivel máximo al que llegará el río y a qué hora pasará por un lugar determinado.

Sin embargo, recuerda el geógrafo, aunque las crecidas se pueden predecir sus efectos no son del todo prevenibles. "Los sistemas de predicción que tenemos son equiparables a los de cualquier país europeo y funcionan bien, lo que ocurre es que los valores de caudal hay que revisarlos de una crecida a otra", expone.

Para prevenir daños Ollero recomienda tomar una serie de precauciones. "La principal es intentar no ponerse en el sitio que va a ocupar el río, es decir, tener un uso del suelo que sea compatible con las inundaciones", dice.

Esta medida defendida también por las organizaciones ecologistas no convence del todo a los afectados por las riadas, principalmente agricultores, ganaderos y habitantes de los municipios de la ribera, que vienen reclamando desde hace años la limpieza del río. Las crecidas que se producen anualmente reabren el debate sobre el dragado, la extracción de gravas del fondo del cauce, aunque según Ollero, se trata de una medida "muy poco o nada efectiva" y pueden tomarse otras para paliar los efectos de las inundaciones.

Entre las posibles soluciones, el geógrafo recomienda "establecer zonas libres que el Ebro pueda inundar, porque cuanto más de desborda menos energía lleva hacia abajo y menos daños va a ocasionar ", así como "devolver espacio al río, quitando las motas y llevándolas 300 metros más atrás en cada orilla. Es decir, en lugar de que el río tenga 300 metros de anchura entre motas, que alcance un kilómetro".

Según el expero, parte de ese espacio podría ser zona natural e instalarse en ella los bosques de ribera que han desaparecido en los últimos años, que hacen de esponja ante las crecidas y restan velocidad a la corriente. Además, dice Ollero, "otra parte se podría dedicar a cultivos que puedan inundarse sin causar problemas y explotaciones ganaderas que, sabiendo de antemano que va a haber una crecida, puedan trasladar el ganado hacia otro lugar". Otra posibilidad sería plantar chopos, que es un recurso maderero importante y se puede inundar.

Finalmente, el profesor universitario recuerda que no podemos evitar las riadas "ni podemos ni debemos", ya que estas tienen también sus beneficios como el control de especies invasoras como la mosca negra, y hacen que el río esté mucho más sano, y por tanto, el medio ambiente y quienes vivimos cerca de él.

 

 

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