Confianza

 

Marta Sofía Ruiz (Colegio La Salle Montemolín)

Cerrar los ojos y dejarte caer, teniendo fe en que la persona que está detrás te sujetará...
Creer que las manos amigas estarán allí para ayudarte cuando te haga falta, sin necesidad de ser llamadas. Contar tus secretos con la seguridad de que no van a abandonar la habitación, y de que vas a obtener un buen consejo. Ser tú misma, sin miedo a ser juzgada, a que te miren mal. Expresar lo que piensas, sabiendo que vas a ser respetada. Creer en ti misma y en que vas a lograr tus objetivos. Soñar y pensar que esos sueños se harán realidad. Caerte y levantarte, porque sabes que podrás continuar. Ignorar todas aquellas voces que te dicen: no puedes, no debes, no lo lograrás, jamás lo conseguirás... Y hacerlo.

Salir de casa sin paraguas, a pesar de que las nubes cubren el cielo, porque el hombre del tiempo ha afirmado que no lloverá. Montarte en moto, a pesar de tener miedo, porque él jamás dejaría que te cayeses. Repetirte que todo saldrá bien y saber que tus palabras son ciertas. Pensar que alguien escucha tus súplicas y va a ayudarte en tus problemas. Encomendarte a todos los dioses y santos que conoces y respirar tranquila porque sabes que lo van a salvar.

Levantar la voz por ella, aunque nada indique que tiene razón. Mirar al amanecer y sonreír sabiendo que presenciarás el próximo. Avanzar en la oscuridad guiada por una voz, que jamás te fallaría. Podría buscar muchas definiciones para la palabra confianza. Para cada uno simbolizaría algo distinto. Todos tenemos a alguien en quien confiar, o al menos deberíamos tenerlo para no sentirnos perdidos. Confiamos en un amigo, en un amor, una madre, un padre, un dios, una diosa, un santo, un familiar, una persona que nos sonríe...

Una lista interminable. La confianza es uno de los sentimientos más efímeros y frágiles que poseemos. Cuesta mucho tiempo ganarla y tal vez simples instantes destruirla. Es algo preciado que debemos cuidar porque al igual que lo damos, lo recibimos. Muchas veces deberíamos plantearnos si nos merecemos la confianza que se deposita en nosotros, si estaremos en el lugar adecuado cuando haga falta. Si aquellos en los que confiamos, a los que daríamos nuestra vida, son merecedores de esa confianza. A veces sólo queda... Confiar. Y soñar con la suerte. Una pregunta más: ¿Confías en ti?

 

 

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