El planeta rojo

 

Leyre Álvarez, La Salle Montemolín

Allí nos encontrábamos. Solos. Rodeados simplemente de kilómetros y kilómetros de superficie de color rojo anaranjado. Nada más. Nadie más. ¿Seguro?

De repente, un ruido. Una pequeña piedra rozó mi pie y paró en seco su movimiento. Venía de una roca más grande. ¿Era posible que algo o alguien nos estuviera espiando? No lo sabíamos no lo queríamos saber. El ambiente era tan hostil que la vida allí parecía imposible. ¿Seguro?

Comenzamos a caminar lentamente, todos en grupo con nuestros respectivos trajes blancos, observando expectantes. Todo era tan diferente a la Tierra que hasta daba miedo. Silencio y más silencio. Nada se movía más que nosotros. ¿Seguro que nadie más se movía?

Parecía como si estuviésemos dentro de una película de ciencia ficción. Cualquier niño sueña con ser astronauta cuando sea mayor, incluso yo estaba cumpliendo mi sueño. De repente, vi algo a lo lejos. ¿Qué era? Parecía una gran roca enorme. Todos nos sorprendimos y nos dirigimos hacia esa dirección. ¿Solo nosotros?

Entonces llegamos, era una obra de arte. ¡Qué belleza! Una roca de unos veinte metros de alto en la que estaba tallada una escultura como diseñada por los mejores artistas. Nos quedamos sorprendidos. ¡Era espectacular! Esa estructura nos llevó a una deducción: alguien hacia hecho eso intencionadamente, no se podía haber hecho solo. Pero, ¿quién?

Otro ruido. Pero esta vez sabíamos de dónde procedía. Allí estaba. Quieto mirándonos fijamente. ¿Estaba soñando?

No, definitivamente no.

No estamos solos.

 

 

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