Un hotel para las grullas

 

Padres, madres y alumnos del colegio Miraflores acuden a la laguna de Gallocanta a observar las aves migratorias que descansan en ella

Educación infatil y primaria. Colegio Miraflores

El largo invierno de este año ha provocado que las grullas hayan decidido partir de Extremadura hacia el norte de Europa más o menos a la vez, y que la laguna de Gallocanta las haya recibido a finales de febrero prácticamente de golpe, con censos de más de 100.000 grullas en un solo día. Nos dijeron que este año era de récord, y que se han llegado a contar más de 130.000 ejemplares.

Padres, madres y alumnos del Colegio Miraflores acudimos a observarlas el domingo 1 de marzo. Tuvimos mucha suerte. Fue increíble, porque vimos grandes bandadas durante todo el día y no necesitamos esperar a que se oscureciera para observarlas, como suele ser lo habitual. Luis Tirado, delegado en Aragón de la asociación SEO/Birdlife, llevó dos telescopios y las vimos mejor que en la televisión.

Las grullas son grandes. Pueden llegar a medir hasta 1,25 metros de altura. Su plumaje es de tonos grisáceos y blancos. Y tiene un toque rojo en la cabeza.

Luis, que también es un padre del colegio y vino con su familia, nos contó que las grullas estaban de paso migratorio. Que habían pasado el invierno en Extremadura comiendo solo bellotas. Y que aunque tienen más sitios en Aragón donde descansar, como el embalse de La Sotonera (Huesca), vienen a Gallocanta porque para ellas es como un hotel de cinco estrellas de la Guía Michelín. Aquí están muy seguras. Las grullas tienen pánico a los lobos y a los perros y en Gallocanta pueden dormir tranquilas con sus patitas dentro del agua porque saben que escucharían el chapoteo de cualquier animal que quisiera cazarlas.

Rumbo al norte

Por las mañanas, vuelan en bandadas en busca de comida. Viven en grupos, muy cerca los unos de los otros. Y se comunican entre ellas mediante un potente sonido que se escucha a largas distancia y que emiten gracias a su largo cuello. Pueden vivir unos 15 o 20 años, por lo que muchas ya conocen Gallocanta de temporadas anteriores. No todas las grullas emigran, pero sí la mayoría, que vuelan por estas fechas al norte de Europa para poner allí sus huevos y criar a los pollitos. En su camino encontrarán varios lagos donde descansar, sobre todo en Francia.

Con el telescopio y los prismáticos, y subidos a unos observatorios, vimos cómo se movían y volaban. Y en el centro de interpretación imprimimos sus huellas en nuestros cuadernos. Las guardaremos como un recuerdo hasta que volvamos a verlas a mediados de octubre. Porque Gallocanta seguirá siendo su hotel preferido.

 

 

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