Amantes imposibles

 

Joaquín Leiva Pueyo, 4º ESO IES Sierra de Guara

Ver las olas del mar caer encima de la arena mojada me producía una paz necesitada después de un día largo y triste. Aún podía oír los murmullos lejanos de la gente saliendo de la iglesia al lado de la playa. El cielo nublado me recordaba los ojos grises de la abuela Elizabeth. Al pensar en esto, unas lágrimas acariciaron mis mejillas mojadas.

Empecé a escuchar unos pasos que venían hacia mí, me giré y vi a Stella Bridge. Stella había sido la hija de los mejores amigos de mis padres pero casi nunca nos hablábamos.

Se acercó un poco más y me dijo -¿Qué tal estás Tom?- -Triste-, le replique con un tono cortante. Ella siguió intentando dar conversación -Si quieres me lo- -¡Y si te vas a otro sitio donde realmente quieren que estés!-, le ladré, y ella se fue lentamente llorando como una niña pequeña.

Mi visión se centró otra vez en las olas del mar pero empecé a oír más pasos. -Te he dicho que...- al mismo tiempo giraba la cabeza y me di cuenta de que no era Stella sino el abuelo Jack. -Hola Tom ¿Qué tal estas?- -Triste- volví a decir -Ya lo sé, todos lo estamos. La abuela era mayor y el cáncer era demasiado para ella. -¿Quién era esa chica?- me preguntó. -Su nombre es Stella Bridge- le contesté arrepentido de haberle gritado. -Pues parecía que le gustabas- dijo mientras soltaba una carcajada. -Aunque le gustara, no es mi tipo, encima es un poco fea, Abuelo- -Y ¿qué pasa si es fea?- El silencio reinó durante unos segundos, y el abuelo Jack volvió a decir: -¿Sabes cómo nos conocimos tu abuela y yo?- Solté una bocanada de aire.
-Si me lo has contado varias veces. Tú intentabas robarle el bolso a la abuela pero ella te tiró al suelo y es cuando os visteis por primera vez y pensaste que habías visto un ángel-.
-Muy bien Tom veo que la recuerdas pero hay más-. Lo miré algo desconcertado. El abuelo me había contado esa historia millones de veces y siempre la misma versión.
-En esa época -empezó a narrar el abuelo- la gente rica ni se veía con los pobres, como era yo. Pero a Elizabeth le parecía una tontería. Se podría haber casado con cualquier ricachón de Manhattan pero no, eligió a un chaval pobre de Brooklyn, que bebía agua de las alcantarillas y comía pan para cenar. Tampoco es que fuera muy guapo. Yo no tenía los ojos grises y los cabellos de oro como el de Elizabeth. Eso no le importaba, vio mi verdadero ser, no el físico sino lo que tenía dentro-. Los ojos marrones del abuelo empezaron a empaparse con lágrimas causadas por la emoción. -Ella me eligió a mí y dejo su vida de princesa por una de vagabundo. Nunca supe cómo darle las gracias. Ve a hablar con Stella-.

Me dio unas palmaditas en la espalda y me fui conmovido por la gran historia. Encontré a Stella sentada en un banco. Me miró con sus ojos verdes esmeralda y le dije: -Hola-. Ella me respondió con un "hola" seco y lleno de tristeza. -¿Me puedo sentar?- Le dije. Ella dudó un segundo y asintió. Nos quedamos hablando el resto de la tarde sentados en un banco frente al mar. Cuando nos despedimos pensé en la historia del abuelo y vi que él tenía razón, que no importaba cómo éramos por fuera sino lo que importa es el interior. Si nos guiamos por lo que hay fuera cogemos un camino hacia la oscuridad y la mentira.

 

 

foto

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de Rincón Literario

 

 
Contacto | Aviso Legal | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón