Los huesos de Cervantes

 

Un grupo de investigadores identifica los restos del autor de El Quijote

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Gracias a los últimos avances en ciencia forense, hoy en día es posible secuenciar el ADN de un hombre de las cavernas que vivió hace más de 28 mil años o analizar unos huesos para averiguar a que individuo pertenecieron y en qué circunstancias murió. Es lo que sucedió la semana pasada en la iglesia de las Trinitarias de Madrid, donde un equipo de investigadores ha logrado identificar los restos óseos de Miguel de Cervantes aunque sin haber analizado su ADN, lo que ha generado escepticismo ante el hallazgo.

Aunque tal y como dice la catedrática de medicina legal y forense de la Universidad de Zaragoza, Begoña Sánchez Jarreta, "los análisis forenses no siempre arrojan afirmaciones categóricas", ya que siguen un "riguroso método científico cuyos resultados se basan "en cálculos matemáticos y estadísticos", incluso cuando se trabaja con ADN.

En el caso de los huesos del autor de El Quijote se ha llevado a cabo un trabajo multidisciplinar en la que han intervenido desde antropólogos forenses y arqueólogos, a expertos en historia y en literatura. Cada uno de estos especialistas ha aportado sus conocimientos sobre el escritor, como sus rasgos físicos, las heridas que sufrió en la batalla de Lepanto, la edad a la que murió o los documentos en los que figuraba dónde habían sido enterrados sus restos.

Esto ha permitido extraer unas conclusiones "que son las que son, lo que no significa que no se hayan encontrado los huesos y que no se hayan utilizado todos los procedimientos, métodos y técnicas con rigor", indica la forense. Además, destaca que "no se puede decir que unos restos pertenecen a un individuo si no se tiene la certeza absoluta". Entre las no certezas absolutas y la compatibilidad de datos históricos, parece que por fin el Cervantes perdido ha sido hallado.

La labor de los investigadores ha resultado complicada. Cervantes estaba enterrado en una cripta junto a otras 16 personas, entre ellas su propia mujer Catalina de Salazar. Finalmente, se ha podido comprobar que en el interior de la cripta existían restos de un varón de 70 años, edad a la que falleció el escritor universal. Los huesos de la mandíbula, algunos fragmentos de los brazos y de la cadera, han sido las partes fundamentales utilizadas para esta identificación a través de evidencias históricas y arqueológicas.

Otra opción, señala López Jarreta, es que se pudiera analizar el ADN de los restos de Cervantes, algo complicado se tenemos en cuenta el "mal estado en el que parecen encontrarse los huesos" y que no existe ningún pariente vivo del escritor.

Situación parecida a la de los investigadores aragoneses, entre los que se encontraba Begoña Sánchez Jarreta, que hace unos años lograron identificar los restos de los Reyes de Aragón inhumados en el Monasterio de San Juan de la Peña (Huesca). "Tampoco había descendientes vivos pero sí pudimos extraer muestras de ADN de los huesos, que tenían más de 1.000 años, y cotejarlos con los restos de otros individuos de la misma época enterrados en lugares cercanos", cuenta la especialista en medicina forense.

Otra posibilidad es que existan descendientes vivos del personaje y se pueda lazar una relación genética. Algo que hubiera sucedido si Cervantes o su hermano hubieran tenido un hijo varón, y ese hijo varón hubiera tenido otro hijo varón, y así sucesivamente, estableciendo un linaje desde aquella época hasta el momento actual por línea masculina. Algo que ocurrió cuando se comprobó con el presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, quien mantuvo una relación con una esclava negra.

Un reclamo turístico

En cualquier caso, para la experta universitaria, que se hayan estudiado los restos de Cervantes es una buena noticia porque "es un tema que suscita interés por la relevancia del personaje en la literatura española y la presencia en el mundo a través de nuestra lengua, y que además, si se utiliza bien, puede ser un reclamo para la ciudad". Al igual que hoy se puede viajar a Viena y visitar las tumbas de Beethoven, Schubert o Strauss, quién sabe si en un futuro podremos visitar la tumba de Cervantes en Madrid. Igualmente, señala Sánchez Jarreta, el hallazgo pone en valor la importancia de la ciencia forense, sobre todo para que exista una buena justicia, como se pone de manifiesto en las numerosas series televisión sobre este tema, como CSI o Bones, y que han servido mucho a la medicina forense.

 

 

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