Robots para la vida cotidiana

 

Además de sustituir a trabajadores en las fábricas, los autómatas ya pueden hacer recados, jugar como mascotas o limpiar el polvo

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

El estudio de la robótica ha avanzado enormemente en los últimos años y lo que antes parecía una propuesta de película de ciencia ficción ahora está mucho más cerca de la realidad. Esas películas futuristas en las que los robots forman parte de la vida cotidiana de los humanos ya no son tan sorprendentes. Además de sustituir a los trabajadores en las fábricas, los robots pueden desde hacer recados a jugar como mascotas o limpiar el polvo.

Las tareas que puede hacer hoy un robot que no pudiera hacer hace cinco años son muchas, sobre todo gracias al avance de los sensores, piezas esenciales en este tipo de artilugios. "Ahora tenemos cámaras mucho más pequeñas que graban con mayor resolución, lo que permite a los robots entender mejor qué es lo que están viendo, y podemos incorporar más sensores, porque son cada vez más pequeños y consumen menos", explica Pablo Urcola, investigador del grupo de robótica, percepción y tiempo real (Ro-PerT) de la Universidad de Zaragoza.

Dentro del mundo de los autómatas, encontramos dispositivos tan sofisticados como los robots espaciales. El Curiosity que está ahora en Marte o la sonda Rosetta son dos de los más autónomos y avanzados que existen. "Las comunicaciones con ellos son muy breves, se tienen una vez al día para mandar la orden. El resto del tiempo son totalmente autónomos: realizan experimentos, recogida de rocas, perforaciones, análisis del terreno, etc.", detalla el ingeniero.

La mayoría de robots proceden de entornos militares y de investigación, que son quienes pueden asumir los costes del desarrollo de este tipo de artefactos. Sin embargo, de vez en cuando alguno de estos inventos alcanza a los ciudadanos de a pie, como en el caso de los drones. Según Urcola, que un robot llega a las estanterías del supermercado depende fundamentalmente por su precio. "Normalmente los sensores son muy caros; sobre todo cuando se trata de sensores de alta calidad, el precio se incrementa muchísimo, hasta decenas de miles de euros". Aunque el caso de los drones es diferente. "Se ha encontrado una forma estable de dron relativamente barata, como son los cuadricópteros, helicópteros de cuatro hélices, que son los que más se están vendiendo. Se ha abaratado el coste los motores y se ha conseguido reducir su precio", apunta el especialista. Otro ejemplo de robots que trascienden del ámbito militar al comercial es el de las aspiradoras robot. Creadas en un principio para detectar la presencia de minas en los campos de batalla, su tecnología se ha adaptado a la vida cotidiana para localizar y eliminar cualquier rastro de migas o mota de polvo que manche los suelos.

Aunque volviendo a los drones, un robot que sin duda ha revolucionado muchos campos que conocemos, sus aplicaciones no dejan de aumentar. "Existen desde hace tiempo en entornos militares los aviones no tripulados -que era como se llamaban antes- que eran controlados remotamente por un piloto que estaba en la base. El avión volaba comandado por un piloto para llevar a cabo una misión, pero a medida que se han añadido elementos de autonomía, los aviones cambiaron su nombre al de drones, que son capaces de mantenerse en el aire autónomamente, sin que haya un piloto manejándolo", recuerda el ingeniero. Más allá del entorno militar donde nacieron, las agencias inmobiliarias utilizan drones para mostrar a sus clientes las mejores panorámicas de sus propiedades, los fotógrafos profesionales consiguen instantáneas de zonas inalcanzables, los cineastas graban planos hasta ahora inimaginables y las fuerzas de seguridad los utilizan en tareas de vigilancia. Hasta Google y Amazon se han planteado utilizar drones en sus repartos.

Aún con todo, según Urcola, estaríamos lejos de vivir en una sociedad donde los robots sean independientes de los humanos. "Las investigaciones actuales se centran en intentar dotar de la máxima autonomía posible a los robots, adaptándolos a los entornos en los que se mueven", asegura el ingeniero. Una de las aplicaciones más importantes que han tenido los robots recientemente fue en la central nuclear de Fukushima, donde se enviaron robots para ver cuál era la situación del reactor afectado por el tsunami. "Los robots que podían entrar autónomamente hasta ahí, se encontraban con el problema de que tenían que subir y bajar escaleras o abrir puertas, un problema que una persona podría resolver fácilmente, pero que los robots que ahora son autónomos, no son capaces de resolver", explica el especialista. Quizá dentro de 50 años no nos resulte extraño caminar por la ciudad entre robots humanoides. Entonces se habrán convertido en parte de nuestra vida.

 

 

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