Reflexiones que llegan volando

 

Víctor Castán Ruiz, 1º Bachillerato IES Juan de Lanuza

El otro día tomé un avión. ¿Que podía no haberlo cogido? Sí, pero lo cogí. Y era la primera vez. Nada me hacía desconfiar del medio de transporte más seguro ni de los estadísticos que realizaron este estudio. Tenía en mi mente una idea aproximada de lo que iba a suponer para mí montarme en ese pájaro metálico, y no escondía mi ilusión por ese motivo.

Fue un viaje placentero: la amabilidad de la tripulación indicándonos los asientos me hizo recapacitar sobre los medios de transporte a los que subimos diariamente. La función de ellos es llevarnos (sanos y salvos) a nuestro destino, pero el avión da un paso adelante y nos ofrece realizar el trayecto, no solo pensando en llegar a nuestro destino, sino también pensando en el tiempo que pasamos dentro de esa caja con alas. Asientos cómodos, vistas que ni los pájaros observan y se respiraba una atmósfera agradable, mejor dicho, respirábamos la propia atmósfera. Un viaje placentero, sin más. Bajé del avión y a otra cosa, sin más.

Al día siguiente me enteré de un asesinato cometido en un avión. Un monstruo atacó al artefacto sin que nadie lo pudiera evitar, asesinando a 144 pasajeros y a 6 tripulantes. 150 personas que pensaban en llegar sanos y salvos a su destino y que tenían todo a su favor. Incluso las estadísticas. Pero una pieza clave en el transcurso del vuelo salió defectuosa y cayeron. Y aquí es cuando uno empieza a ser presa de las dudas y a maldecir las estadísticas, mientras, al mismo tiempo, alaba el no haber sido esa persona a la que le cae el rayo entre un millón. Como hace ya unos días de este suceso, todos hemos podido sacar nuestras propias conclusiones.

Sin embargo, tenemos que ir más allá del análisis del drama, tenemos que sacar conclusiones que verdaderamente sean efectivas para nosotros, porque debemos estar preparados, puesto que la estadística puede volverse en nuestra contra algún día. Y es que, al igual que la primera vez que monté en avión, el hecho de volar me pareció un mero trámite. Quizás en esta ocasión se vivió con mayor expectación, pero, finalmente, todo se resuelve en un mero trámite. Y esto es lo que sucede a diario; pequeñas acciones que asumimos sin una mayor expectación y que no valoramos. Pequeños momentos que son cruciales para el transcurso de nuestra vida, pero a las que no les damos la importancia.

"No valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos", como nos ha sucedido con la tragedia aérea de los Alpes, que nos debe recordar la incertidumbre que nos rodea y alentar a no esperar a que se acabe la pila del reloj, pues este se puede caer y romper antes de hora.

 

 

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