Tragedia en el instituto

 

Un profesor muerto y cuatro personas heridas durante el ataque de un alumno en el IES Joan Fuster de Barcelona

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Un profesor fallecido y otras cuatro personas heridas es el balance de la tragedia sucedida hace ahora una semana en el IES Joan Fuster de Barcelona, cuando un joven de 13 años armado con una ballesta y un cuchillo irrumpió en su centro educativo y atacó a algunos de los profesores y estudiantes que encontró a su paso. Aunque se trata de un caso aislado -es la primera vez en España que un profesor muere a manos de un alumno-, este suceso ha reabierto el debate sobre la necesidad de un mayor control de las actitudes violentas en los centros educativos.

Mientras se aclaran los entresijos del ataque, si fue planeado o no, y si el chaval, al que sus propios compañeros definen como "chico amable" y "friki de las armas", padecía algún problema mental, el ataque trae a la memoria otras masacres en institutos de secundaria, entre las que destacan la de Virginia, en el año 2007, o la de Columbine, en 1999, que motivó el premiado documental Bowling for Columbine de Michael Moore.

El caso es que este tipo de sucesos no son nada extraño en Estados Unidos, pero sí en nuestro país. Para el psiquiatra Fernando Sopesens, estamos ante "un caso aislado", que no debe despertar la alarma social y al que hay que tratar como tal. "Hay que ser muy prudentes con estos temas y no considerar que las aulas están llenas de peligros y que puede ocurrir cualquier cosa, creando un pánico general", aclara el profesional. Y es que, al fin y al cabo, todos podemos tener una crisis emocional con un episodio de violencia en algún momento y no por ello padecer una enfermedad mental. El resultado varía dependiendo de las herramientas que tenga a mano el afectado.

Sobre las razones que pudieron motivar el ataque del pasado lunes, Sopesens considera que todavía es pronto para saber qué pudo suceder en la mente del joven. Entre los motivos que pueden llevar a cometer este tipo de actos, se encuentran la enfermedad mental o la imitación de actos que se han llevado a cabo en otros países. "A veces se trata de conductas imitativas en personalidades que todavía están sin hacer, como es la de un muchacho de 13 años".

No obstante, el experto asegura que "todavía es pronto" para saber el motivo real por el cual se produjeron los hechos e insiste en que "no hay un perfil de este tipo de atacantes, y por tanto, no se puede generalizar". El hecho de que sean adolescentes los que cometen este tipo de actos en centros educativos tampoco implica que estemos ante un sector de población que muestre más comportamientos violentos que el resto.

Tal y como recuerda Fernando Sopesens, todos los días salen en los periódicos noticias de este tipo. "Las conductas violentas están a la orden del día". Si lo miramos con cierta perspectiva, acontecimientos como los del IES Joan Fuster "son hechos muy puntuales que llaman más la atención porque están cometidos por adolescentes, pero no podemos obviar es que todos los días hay actos terribles peores que este en todo el mundo, con diferentes motivaciones".

Tolerar la frustración

Lo que sí comparte el psiquiatra aragonés es la opinión de que la violencia en la televisión y los videojuegos tiene un impacto negativo en la mentalidad de los más jóvenes. "Los adolescentes sintonizan y conectan mejor con la parte violenta del ser humano y las generaciones de ahora tienen muy poca tolerancia a la frustración, con lo cual, a la mínima frustración, se genera una agresividad que luego no saben canalizar", explica. O dicho de otra manera, las mentes más débiles por cualquier causa, tienden a ser más vulnerables ante la violencia, porque no saben dar respuesta cuando las cosas no salen como uno espera.

Para evitar este tipo de situaciones, el psiquiatra recomienda una mayor implicación de los padres en la educación de los hijos. "Los hijos requieren contacto, diálogo e interés por parte de los padres de las actividades que realizan, así como de los contenidos a los que acceden a Internet, algunos de los cuales pueden no ser adecuados para su edad y madurez". Sopesens apuesta también por trabajar la psicología del alumno en los centros educativos. "Necesitamos de nuevas enseñanzas dirigidas a la persona para aprender a pensar, no tanto sobre los conocimientos sino sobre sí mismos, y aprender a potenciar aspectos positivos de su personalidad y a identificar los negativos", advierte el psiquiatra.

 

 

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