Siempre Almagro

 

Estudiantes de bachillerato viajan por la historia del teatro en este municipio de Ciudad Real, con parada final en un corral de comedias

Jara Martínez Benedí, 2º Bachillerato IES Pedro de

Estudiantes de primero y segundo de bachillerato del IES Pedro de Luna visitamos el pasado 7 de abril el corral de comedias de la localidad de Almagro (Ciudad Real). Allí asistimos a la representación de la obra atribuida tradicionalmente a Tirso de Molina, El burlador de Sevilla y convidado de piedra. Pero no sólo tuvimos la suerte de asistir a esta representación, sino que además pudimos hacer un viaje en el tiempo por la historia del teatro.

Sobre las diez de la mañana llegamos a la Hospedería de Almagro, una enorme casona antigua, con muchos pasillos y un gran patio interior. Esa ocupaba parte de un convento, que sigue habitado por frailes. Dos guías nos esperaban para iniciar la visita a lugares de la población que habían servido a lo largo de la historia como lugares de representación teatral.

Estos nos explicaron la historia del teatro a partir de distintos edificios, como el teatro religioso o el teatro profano medieval. De allí a los Autos Sacramentales y también el teatro en el Renacimiento y especialmente en el siglo XIX con la visita al teatro municipal, un teatro de caja italiana. Finalmente, visitamos un edificio polivalente construido para las representaciones más modernas dentro del festival que se celebra en Almagro.

Ya en el Corral, tras la presentación del director sobre el edificio, el texto y la compañía teatral, pudimos participar de la representación de 22 segundos El burlador de Sevilla. Ojalá hubiéramos leído la presentación en la web de la compañía, pues la adaptación de la obra enriquecía y complicaba el texto clásico, un reto para actores y espectadores.

La magia del escenario

Al principio resultaba un poco confusa la presentación de los hechos, pero a medida que avanzaba la trama enganchaba mucho más. Todos los actores estaban estupendos. Los escasos elementos escénicos que completaban el tablado del corral ayudaban a caracterizar la escena y a los personajes, especialmente el vestuario, muy al gusto de la época en la que la obra se estrenó. Nada más hacía falta para transportarnos a la magia de los viajes y ámbitos por los que discurren los últimos días de vida de don Juan. Poder disfrutar de una representación de teatro del Siglo de Oro en un corral de comedias es un lujo, y hasta pudimos ponernos en la piel de las personas que acudían a estos lugares hace cuatro siglos. A eso sólo se puede denominar de una manera: la magia del teatro.

Y el regreso... agotador, de nuevo. Pero ya añoramos Almagro. De todo disfrutamos, como pudo comprobarse, por ejemplo, en el vivo debate tras la obra, y, sobre todo, en el deseo de volver a repetir la experiencia. Todos los alumnos que asistieron conocen que Almagro es un lugar privilegiado para disfrutar de ver y hacer teatro, una actividad tan cultural como humana, pues nos hace reflejarnos en el espejo de la humanidad del escenario.

 

 

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