La bruja de medianoche

 

Judit Gimeno, 1º ESO IS Juan de Lanuza (Borja)

Sus cabellos dorados brillaban por el día, sus ojos verdes destacaban en la oscura noche. Al bonito claustro del monasterio iba ella todas las mañanas junto a su inseparable caballo blanco. Los monjes que allí vivían decían que la habían visto cantar con los pajarillos, peinarse su larga melena... pero sólo uno, el más joven, la vio a la luz de la luna galopando con su caballo. Todas las medianoches del primer y último día del mes, ella salía hacia Trasmoz. Juan, el joven monje, la seguía hasta el cementerio donde ella entraba. Cuando un día los dos se cruzaron por el camino, el muchacho se enamoró de ella. Era más bella de lo que pensaba. La muchacha, con voz suave, le dijo: -Ya sé que me amas, pero tú eres monje y yo, una bruja. El chico, al enterarse de lo que era en realidad, sacó un puñal de plata que le había dado su padre, y con mucho dolor en el corazón, la mató para no seguir sufriendo por su amor.

Al día siguiente, a las doce de la noche, los otros monjes oyeron un grito que parecía ser de Juan. El sonido provenía del claustro. El joven se había tirado al pozo. Ahí estaba también la dama a lomos de su caballo. Los monjes quedaron hipnotizados al mirarla a los ojos, esos ojos verdes pero profundos que habían matado de amor a Juan. Uno por uno se fueron tirando al pozo.

Se dice que algunas personas que viven cerca del monasterio oyen los gritos de los monjes a las doce de la noche y ven galopar a la joven bruja junto a su caballo en la medianoche del primer y último día de cada mes.

 

 

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