Viajar en el tiempo

 

Elena Álvarez, Colegio La Salle Montemolín

No lo he pasado peor en mi vida. Sabía que mis amigos al volante no eran de fiar... Acabamos de salir de esa dichosa máquina del tiempo que ha hecho vomitar tantas veces. Parece que vamos a tomar ese camino de la derecha. Dicen que lleva a una cueva.

El paisaje parece interesante. Entramos con sigilo. Aquel lugar era mágico. El pésimo viaje ha merecido la pena. La cueva es húmeda, así que tenemos que encender una antorcha. Paredes enormes con dibujos y formas extraordinarias que parecen irreales se descubren ante nosotros. Es fantástico. Hay un gran eco que nos hace hablar en susurros para entendernos mejor. Seguimos andando un trecho hasta que oímos un gruñido. Nos sobresaltamos.

Nos miramos incrédulos. ¿Qué diablos ha sido eso? ¡Vamos a ver a uno de nuestros antecesores! Me siento muy ilusionada, igual que el resto de mis compañeros. Nos acercamos con cuidado, para no asustarle, encorvados. Vemos una hoguera al final y un poco inquietos, avanzamos. Llegamos hasta el fuego y aquel humano se gira hacia nosotros al oír el crujir de las ramas del suelo bajo nuestros pies. Abre los ojos en un nivel extremo. La aventura acaba de empezar.

 

 

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