Una brecha en aumento

 

La pobreza infantil y juvenil crea desigualdades y y deja secuelas a largo plazo

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Si hace unos meses hablábamos del aumento de la brecha entre ricos y pobres en el mundo, esta vez toca hacer balance de la situación en la calle. Aunque hace tiempo que el fantasma de la recuperación económica ha salido a pasear, el número de familias de nuestro país en el umbral de pobreza crece. Lo dice el Instituto Nacional de Estadística (INE) que, la semana pasada, publicó su Encuesta de Condiciones de Vida de 2014, con datos del 2013, que permite observar la evolución de la situación que viven los hogares en nuestro país.

La encuesta del INE indica que el porcentaje de población que vive en riesgo de exclusión era en el 2013 del 22,2% de los ciudadanos, frente al 20,4% registrado el año anterior. Es decir, uno de cada cinco españoles vive por debajo del umbral de la pobreza. En el caso de los jóvenes, tanto el porcentaje como la diferencia son mayores. Un 30,1% de los menores de 16 años se encontraba en riesgo de pobreza en el 2013, cuando en el 2012 suponían el 26,7% de la población.

Para Nuria Espeleta, de Cáritas Aragón, "es una mala noticia, no solo que se confirme la extensión de las situaciones de pobreza sino que ésta afecta sobre todo a las personas de menor edad". La socióloga lo achaca a varios factores, pero fundamentalmente al desempleo de larga duración que afecta a muchas familias. "El poco empleo que hay en los hogares acaba repercutiendo en el bienestar de los más jóvenes".

Cuando no hay unos ingresos mínimos en una familia comienzan las dificultades para hacer frente a los gastos derivados de la vivienda y a la compra de productos de primera necesidad. Además, al no existir una renta mínima garantizada, la pobreza se ceba con las familias con menos recursos. "Las tasas más bajas de pobreza están en las personas mayores porque tienen una protección social más adecuada", recuerda Espeleta. Según la encuesta, la tercera edad resiste mejor la crisis económica debido a que las pensiones no han sufrido recortes y a que son muchos los ancianos que no pagan vivienda por tener una en propiedad.

La portavoz de Cáritas indica que "lo que muestran los indicadores, no solo en esta encuesta sino en el incremento de los hogares sin ingresos, es que la desigualdad social va en aumento". Si las capas de más ingresos los incrementan y los que tienen menos los reducen, se configura una fragmentación social que genera problemas de integración y se comporta como un círculo vicioso. Pero ¿qué consecuencias pueden tener a largo plazo estas tasas de pobreza?

Hipotecar el futuro

Todos los expertos subrayan desde hace tiempo que la pobreza infantil y juvenil no solo afecta a quienes la sufren en el momento, sino que deja secuelas de por vida. Crecer en una situación de pobreza puede cambiar radicalmente las oportunidades de los niños y las niñas a lo largo de su vida. La pobreza priva a los jóvenes de oportunidades educativas y laborales, del acceso a servicios públicos, de una adecuada alimentación y de un hogar y entorno familiar adecuado. "Cuando una familia pasa de una situación de precariedad a una de exclusión o pobreza es muy difícil volver a retomar una cierta estabilidad y cuesta mucho que esa familia pueda mejorar su posición social ", afirma la socióloga, que habla de una transmisión de la pobreza de padres a hijos.

Por otra parte, para Espeleta "es bastante complicado sobrevivir en el día a día con dificultades que se van acumulando y van generando problemas, no solo económicas sino familiares, que también revierten en los menores, como son una peor alimentación o no ver sus necesidades básicas satisfechas".

No obstante, la desigualdad social no es un fenómeno nuevo. Podría decirse que está presente desde que el mundo es mundo. Para la técnico de Cáritas, no se trata por tanto de un problema puntual sino que es previo a la crisis. "Necesitamos un modelo de desarrollo centrado en las personas, porque el crecimiento económico por sí mismo no distribuye la riqueza. Hay que hacer hincapié en que la riqueza se reparta de forma equitativa entre todos", aclara. Por tanto, abordar la pobreza juvenil significa elegir políticas adecuadas a estas necesidades.

Entre las medidas que podrían adoptarse para mejorar la situación, Espeleta menciona una mayor protección social en todo el territorio, un mínimo de ingresos para las familias, fortalecer los servicios públicos, que el gasto social sea concebido como inversión, y la puesta en marcha de políticas familiares "que sean eficaces y tengan recursos suficientes para evitar la transmisión intergeneracional de la pobreza, que esta hipotecando la sociedad del futuro".

 

 

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