Sin ir más lejos

 

Natalia Tormos, 1º Bachillerato Fundación Educativa San Valero

Nadie duda que, hoy por hoy, la palabra solidaridad está relacionada con algo bueno y es aceptada como un valor positivo. Sin embargo, la solidaridad que actualmente se admira es la espectacular, la que vemos en los medios de comunicación: ayuda en desastres naturales, apuntarse a una oenegé e irse al tercer mundo, participar en telemaratones para recogida de dinero..., y todo eso es enriquecedor, ya que lo que se aporte servirá para mejorar la calidad de vida de otras personas, pero en este artículo quiero valorar la solidaridad del día a día, la que se puede realizar con pequeños gestos ya que a veces no es fácil participar en grandes proyectos de ayuda a los demás.

Hay muchos lugares en los que puedes colaborar y que están al lado de tu casa, en tu barrio: asociaciones de vecinos, parroquias, casas de juventud, centros de mayores, asociados de discapacitados.

Tu aportación seguro que hace que te sientas parte del "todo" que significa una sociedad que, por otro lado, camina a toda velocidad hacia el individualismo. Tu participación desinteresada supondrá un beneficio a otras personas, pero a ti también te aportará un nivel de satisfacción que te ayudará a formarte como ser humano.

Existen diversas maneras de ser solidario, algunas participando de manera activa y prolongada en el tiempo, como por ejemplo haciéndote voluntario de cualquier entidad que se dedique a estas funciones; en ella podrás aportar tiempo y tu conocimiento:

-Enseñanza del idioma a inmigrantes.
-Enseñanza de las nuevas tecnologías a personas mayores.
-Participación en actividades lúdicas, deportivas, culturales... que permitan a personas discapacitadas una mejor integración en la sociedad.
- Realizando proyectos realistas con tus compañeros de clase que luego tengan una utilidad social.

De esta forma, incluso si no puedes acceder directamente a los ciudadanos que necesitan ayuda en primer persona, puedes colaborar con aquellos que por su trabajo o dedicación sí lo hacen (voluntariado en tareas administrativas, logísticas...) es decir, "ayuda a los que ayudan".

También se es solidario participando en actividades que, por unos motivos u otros, no tienen continuidad en el tiempo, pero que son muy importantes para las personas a las que va dirigidos (recogida de alimentos, colectas sociales...) No nos quedemos con las palabras, no nos conformemos con cambiar de canal cuando las desgracias ajenas nos golpean y nos abruman y que la celebración de "los goles" nos hagan olvidar estas imágenes; que no nos sirva de excusa el "no tengo tiempo para nada, vivo acelerado". El ser humano es individualista por naturaleza, y esto le permite sobrevivir, pero tiene que esforzarse en no pensar sólo en sí mismo y entender que también puede influir, para bien, enormemente en la vida de otras personas.

La solidaridad es un "arma" fundamental para construir una sociedad mejor en todos los sentidos.

Solo siendo un poco más solidarios podemos contribuir a una sociedad más justa y más humana, y al progreso y bienestar común.

 

 

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