Paco, el campesino

 

Clara Puente, 4º ESO IES Sierra de Guara

Paco era un mozo del pueblo. Lo mataron al principio de la Guerra Civil con tan solo 26 años. Estaba casado e iba a tener un hijo. Era inocente, como tantos otros que mataron durante y después de la guerra. Nunca hizo daño a nadie, al revés, intentaba ayudar a los más pobres, era buena persona. Por eso lo mataron, porque tenía ideas contrarias a ellos, a los falangistas. En el pueblo todos le queríamos mucho, menos las dos familias más pudientes, la de Don Valeriano y la de Don Gumersindo. Después estaba la del Señor Cástulo Pérez, que actuaba siempre según le convenía.

Cuando Paco era pequeño todos lo llamábamos "Paquito". Lo bautizó Mosén Millán, que llegó a quererlo casi como a un hijo. Fue una gran fiesta para todos.

Su familia no era muy religiosa, era más bien un poco de izquierdas, pero siempre cumplió con la Iglesia, aunque fuera lo justo. Por eso Mosén Millán quería a "Paquito", porque quería hacerlo un buen cristiano.

También "Paquito" quería al cura y le ayudaba en la Iglesia. Un día fue a acompañarle a dar la extremaunción a un moribundo que vivía en las cuevas de las afueras del pueblo y eso le dejó tan impresionado que le marcó para toda la vida. "Paquito" no entendía por qué había personas que no podían vivir dignamente mientras otras tenían demasiado. ¿Por qué había que pagar el diezmo al Duque, que ni siquiera se acercaba al pueblo, y había personas que no tenían ni casa, ni comida, ni cama? Esto se lo preguntó una y otra vez a Mosén Millán que siempre intentaba escurrir el bulto. Le decía para justificarse: "Dios permite la pobreza y el dolor", pero esto no convencía a "Paquito", sino que le iba alejando cada vez más del cura.

No era mala persona el cura, pero nunca se involucró en ayudar a los del pueblo, supongo que por miedo a perder las limosnas que le daban las familias ricas. Se comportó más bien una persona cobarde. El zagal fue creciendo y recibiendo la confirmación y la comunión. Seguía siendo monaguillo, pero cada vez más lejos del cura.

Cuando dejó de ser niño empezamos a llamarlo Paco el del Molino, porque su bisabuelo había tenido un molino que ya no molía y que empleaban para almacén de grano.

Su familia se preocupó cuando le tocaba ir a la mili, pero al final resultó que no tuvo que ir. Al poco tiempo empezó poco a poco a saludar a Águeda, una moza del pueblo muy trabajadora y limpia. Antes, los noviazgos no eran como ahora.

Estuvieron más de dos años saludándose y poco a poco iban hablando cada vez más, hasta que al final empezaron a ir al baile acompañados por la madre de Águeda.

Al final se casaron y se hizo una gran fiesta, dentro de sus posibilidades económicas. Los casó Mosén Millán que le dijo que él le había bautizado, confirmado, comulgado, casado y que le daría la unción. Si se hubiera dado cuenta de lo que decía, tal vez no lo habría dicho, porque al final resultó ser verdad lo que dijo.

Ya en la comida del banquete de la boda, empezó a comentar el zapatero que estaba muy movido el ambiente en Madrid. Que si el Rey caía iban a cambiar muchas cosas. Como veía próximas las elecciones, el Señor Cástulo, que era un chaquetero, intentaba acercarse al padre de Paco por si se presentaba y salía elegido. Tanto hizo la pelota que hasta se ofreció a llevar a los novios en su coche a la estación.

Al poco tiempo de volver del viaje de novios, fueron las elecciones. El padre de Paco y otros jóvenes fueron elegidos concejales del nuevo Ayuntamiento.

Esto no sentó muy bien a las familias ricas, porque eran contrarios al duque y protestaban contra el sistema de arrendamiento de pastos. Querían cambiar el mundo y acabar con la vergüenza de la pobreza de las cuevas del pueblo. Esto hizo muy feliz a Paco el del Molino porque creyó que por primera vez la política iba a servir para algo bueno.

Mosén Millán advirtió a Paco que dejara en paz al duque porque era una persona muy importante, pero él no le hizo caso.

Cuando el Rey se fue del país se instauró la República y la bandera republicana fue puesta en el balcón del Ayuntamiento. Se repitieron las elecciones y, entonces, Paco cedió su puesto a su hijo que salió elegido concejal. Lo primero que hizo fue unir a todos los pueblos de la zona para negarse a pagar al duque hasta que los tribunales dijeran lo contrario. Todos los del pueblo dábamos las gracias a Paco porque intentaba mejorar la vida de todos y solucionar lo de las cuevas. Pero los ricos y el duque decían mentiras contra él, mentiras que Mosén Millán creía sin escuchar a Paco.

Un día llegaron los falangistas al pueblo. Quitaron la bandera y empezaron a matar gente sin ton ni son.

Gente inocente que no había hecho nada malo. Los mataban sin juicio ni nada.

Hasta fueron al carasol y empezaron a disparar para matar a las mujeres. Paco huyó a la pardina y comenzaron a buscarlo. Mosén Millán sonsacó al padre de Paco con la intención de no decirlo a los falangistas, pero cuando empezaron a insistir tuvo miedo, fue un cobarde y lo confesó todo con la condición de que tuviera un juicio y no lo mataran, sólo que lo llevaran a la cárcel. ¡Qué iluso! Lo fueron a buscar e hicieron al cura que lo convenciera para que se entregara. Le dijo que no le harían daño y él, al final, confió en Mosén Millán y se entregó.

Lo llevaron al pueblo atado y por la noche, cuando todo el mundo estaba en sus casas, lo llevaron junto con otros dos hombres, que tampoco habían hecho nada malo, y en la pared del cementerio los mataron, después de que el padre Millán los confesara. El cura les dio la unción a los tres y se dio cuenta de la locura que acababa de cometer.

Un año después Mosén Millán quiso celebrar una misa de Réquiem para Paco, pero ninguno del pueblo fuimos.

Solamente fueron los ricos. ¡Qué falsos!

 

 

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