Retrato de una anciana

 

Álvaro Gómez, La Salle Montemolín

Sentada en un banco de piedra, en la plaza del pequeño pueblo, la anciana alimenta a las oscuras palomas que se acercan rápidas a sus rodillas maltrechas.

En sus manos arrugadas y estropeadas por el tiempo guarda el pan seco. Su rostro apagado con unos ojos decaídos dan signos de desgana y quizás reflejan un mal día de la vida de la anciana.

Encorvada se encuentra observando el ruido que provocan aquellos animales al levantar el vuelo y al chapotear en el estanque próximo a la plaza.

Lleva una falda negra larga y una camisa fina simple de apagados colores. Porta un sombrero oscuro con un pequeño adorno que lo rodea.

El largo pelo blanquecino es azotado por una suave brisa veraniega que lo ondea levemente.

Poco a poco la anciana va abandonando el lugar con un paso cansino y lento. Apoyada en su bastón de madera pulida, da pequeños pasos que le conducen al estanque vivo y lleno de vida.

 

 

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