El Toro de la Vega, en la diana

 

Este festejo taurino levanta ampollas entre los que defienden su carácter popular y los que rechazan el maltrato animal

Alicia Gracia (El Periódico del Estudiante)

Moscatel, Volante, Vulcano y Elegido. Puede parecer una enumeración sin sentido pero son los predecesores de Rompesuelas, el astado que mataron en el último Toro de la Vega. ¿Tradición o barbarie? Esta es la disyuntiva que suscita el Toro de la Vega, un torneo que se lleva celebrando en el municipio vallisoletano de Tordesillas anualmente desde la Edad Media --aunque el torneo en su modalidad tradicional, es decir, matando al toro, fue prohibido durante unos 20 años hasta 1970--. El último evento tuvo lugar el pasado 15 de septiembre y, como cada año, se convirtió en el blanco de numerosas críticas, en especial de los grupos animalistas a los que también se unieron caras conocidas a través de una campaña denominada Rompe una lanza.

Este torneo, que reúne a más de 35.000 personas cada año en una localidad de 9.000 habitantes, consiste en la caza o persecución de un toro por decenas de picadores y lanceros, en la cual algunos de estos últimos intentan alancear a la res hasta la muerte, después de que esta haya sido soltada cerca de la plaza del pueblo y conducida por los corredores y aficionados hasta la vega del río Duero, en donde comienza propiamente el torneo. Si el toro sobrepasa los límites prefijados o los lanceros no pueden matarlo, es indultado --ocurrió en dos ocasiones con el toro Bonito en 1993, que murió a consecuencia de las heridas sufridas, y el toro Presumido en 1995, que fue abatido de un disparo por un Guardia Civil--.

Multas económicas

El Toro de la Vega se rige por unas normas fijadas en una ordenanza municipal de 1999 que se modificó en el 2012 para introducir sanciones y multas económicas a los infractores. Esta ordenanza considera infracción muy grave lancear al toro antes de haber sobrepasado los límites establecidos o antes de sonar la Bomba Real anunciadora del comienzo de la lidia; aprovecharse de la huida del animal alanceándolo en su carrera por detrás; y no respetar al primer lancero que haya alanceado al astado, picar al toro con intención de no procurar su muerte, arrojar objetos que puedan dañar al astado o alancearlo una vez que haya doblado las rodillas, entre otras medidas, que se sancionan con una multa en 1.001 y 3.000 euros.

Sin embargo, esta fecha está marcada en rojo para los detractores de esta tradición y cada año aumentan las voces críticas contra este festejo taurino que, desde el Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (PACMA), consideran "terrible". "El Toro de la Vega es rechazado mayoritariamente por toda la sociedad y constituye uno de los mayores exponentes del maltrato animal en España", añaden. Prueba del aumento de la oposición a esta fiesta popular son las firmas recogidas por PACMA que han crecido desde las 71.000 de 2012 a las 120.000 de este año. Pero las críticas de PACMA fueron más allá, y en septiembre de 2014 el partido remitió al Parlamento Europeo una petición para que desde Bruselas se estudiase si el Toro de la Vega puede estar incumpliendo la legislación comunitaria. Después de aceptar la petición para llevarla a trámite, el mismo mes el Parlamento Europeo rechazó pronunciarse sobre el Torneo por considerarse una "tradición cultural" que es competencia exclusiva de los Estados miembros y no de la Unión Europea.

Este año, el torneo ha sido especialmente polémico porque el encierro comenzó cuando los manifestantes se encontraban todavía dentro del recorrido ±hecho por el que PACMA denunció al alcalde de Tordesillas± y porque el Toro de la Vega, finalmente, se consideró nulo porque Francisco Alcalá, el joven leonés de 21 años que dio el golpe definitivo al toro, incumplió tres de las normas que recoge la ordenanza que regula el festejo vallisoletano. Todo ello, a pesar de que fue la edición más blindada de la historia del evento, con cerca de 250 agentes de la Guardia Civil en el lugar y dos helicópteros. Además, se realizaron controles en todos los accesos al pueblo, se revisaron bolsas y se hicieron identificaciones aleatorias a los asistentes, expecto a los vecinos de Tordesillas, que se tuvieron que inscribir en el torneo de antemano.

Linchamiento colectivo

Sin embargo, los detractores del festejo taurino argumentan que, lejos de existir la posibilidad de indulto o de tratarse de una lucha en "igualdad de condiciones" entre un solo hombre y un toro, se trata de un linchamiento colectivo por parte de un gran número de personas a un animal que agoniza prolongadamente hasta la muerte, una argumentación que sostiene, de la misma manera, cierto sector veterinario.

Por otro lado, los defensores del Toro de la Vega argumentan a favor del torneo del Toro de la Vega su carácter tradicional, el apoyo popular con el que cuenta por parte del pueblo de Tordesillas y la condición de igualdad entre el animal y el ser humano. Y es que, en realidad, el límite legal de este festejo es difuso. El ministro de Justicia, Rafael Catalá, definió el torneo como "una tradición histórica y cultural" que no está vetada actualmente en España. "Y lo que no está prohibido en una sociedad democrática y de derecho está dentro de las libertades. Ese es el equilibrio", zanjó.

 

 

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