El pirateo de prendas

 

Néstor Lupón (3° ESO SES Bujaraloz)

Si antes de comprar una cosa, leyéramos un artículo como éste, tal vez el mundo no sería tan consumista porque tendría la curiosidad de saber de dónde proviene.

Compramos las cosas por modas, vicios, consumismo..., y no pensamos ni nos importa todo lo que padecen las personas de los países más pobres para elaborar el producto que compramos en Occidente. Si nos centramos en los balones, que es de lo que trata el artículo, sólo miramos que tengan los colores de nuestro equipo, que sean de acontecimientos deportivos, que estén firmados por nuestros ídolos, pero nunca miramos sus orígenes o nos hemos acostumbrado a ver escrito en la etiqueta: made in China, made in India, made in Pakistán..., cosa que nos tendría que preocupar debido a que estos países están en subdesarrollo por diversas causas, tienen mucho paro y guerras.

En los casos anteriores, si al que vende las vacas, al que trabaja sus horas, les pagáramos lo que se merecen, el precio subiría mucho, se estabilizarían las economías de los dos países y no sufrirían unos para que gozasen otros. Para que esto sucediese, la sociedad tendría que cambiar mucho porque los equipos de fútbol siempre llevan publicidad en sus camisetas, por lo que esos jugadores y el mismo equipo ganan mucho dinero de aquella empresa a la que patrocinan, aparte de sueldazo que ya tienen. Se podía dedicar un tanto por ciento de lo que ganan con esa marca al país y los trabajadores que lo han fabricado.

Aparte de esto, los gobiernos de estos países desfavorecidos, se quedan parte del dinero que ofrecen a la población las ONG's. Así no ganan nada de dinero y los niños tienen que trabajar para poder comer en vez de estar escolarizados. Muchos niños mueren de hambre en sus propias casas con sus padres al lado sin poder hacer nada.

Todo esto que he contado se puede aplicar a otros casos, como el tráfico de menores, los abusos sexuales, las matanzas ilegales a animales (solo por las pieles y que luego dejan los cuerpos descomponiéndose en pleno campo), etcétera. Esto demuestra que todo tiene su precio y no se pueden poner en peligro vidas humanas y animales para que en los países ricos sea más barato que si lo hicieran en el propio país y legalmente. Lo ahora dicho no se produciría si no hubiera demanda de los productos fabricados 'ilegalmente'.

Esto ratifica que con el dinero se puede hacer de todo, pero, mayoritariamente, cuando se tiene dinero en unas cifras desproporcionadas, se producen más problemas. Un ejemplo que lo demuestra es que en Dinamarca tienen la renta por habitante muy alta y también el índice de suicidios más alto. Por eso más vale ser normal a perder la vida por ser rico o pobre.

 

 

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