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Las nuevas tecnologías han traído consigo multitud de ventajas pero también nuevas enfermedades relacionadas con su abuso

Alicia Gracia (El Periódico del Estudiante)

Nomofobia, Síndrome FoMo, phubbing, Síndrome del doble check y Síndrome de la vibración fantasma son algunas nuevas palabras que han nacido para designar nuevas adicciones. ¿Qué une a todas ellas? El teléfono móvil, un aparato que ya se ha convertido, para muchos, en un apéndice de su cuerpo. ¿Has notado alguna vez que vibra o suena el móvil sin ni siquiera llevarlo encima? ¿Miras la pantalla cada diez minutos esperando una contestación por Whatssap? ¿Te has sentido angustiado o desconectado cuando el smartphone se queda sin batería? El 80,1% de los españoles no puede vivir sin el móvil, según desprenden los resultados de una encuesta realizada en España este año por el CIS (Centro de Investigación Sociológica), una necesidad que se intensifica entre los jóvenes y que para muchos se ha convertido en la enfermedad del siglo XXI. "La adicción al teléfono móvil es muy común, sobre todo entre los jóvenes, que son nativos tecnológicos", explica Esther Aguado, directora de Azajer (Asociación Zaragozana de Jugadores de Azar en Rehabilitación).

Que las nuevas tecnologías inundan cada vez más nuestra vida cotidiana es algo que todo el mundo sabe, basta con subirse al transporte público o fijarse caminando por la calle. No hay duda de que los beneficios que han traido consigo los avances tecnológicos son innumerables: podemos comunicarnos de forma instantánea con personas de todo el mundo, podemos estar conectados e informados en cualquier lugar y podemos acceder a fuentes de información casi ilimitadas.

El "buen uso" es beneficioso pero el problema llega cuando se lleva a cabo un abuso.

Según Esther Aguado, "el aislamiento, la falta de comunicación, la dejadez de tareas y de realizar deporte, el cansancio de la vista y el volverse más solitario" son algunos de los comportamientos y consecuencias que alertan de una posible dependencia a este dispositivo móvil. "Hay adolescentes que tienen crisis de ansiedad si les quitas el teléfono, sin Whatssap ya no saben dialogar", añade Esther Aguado.

En torno al abuso del teléfono móvil han surgido poco a poco diferentes patologías: la nomofobia se refiere al miedo incontrolable a salir de casa sin el teléfono móvil; el síndrome de FoMo, la obsesión de estar conectado constantemente; el phubbing, se refiere al uso del teléfono en presencia de otras personas, ignorando así su entorno por concentrarse en su tecnología móvil; el síndrome del doble check, la ansiedad que se siente al ver que no responden a tus mensajes de Whatssap; y el síndrome de la vibración fantasma, la errónea percepción de la vibración del móvil. Todas ellas son consecuencias de la hiperconectividad, una tendencia que nos hace "escribir mucho pero no comunicarnos en profundidad", según opina Aguado.

Educar para prevenir

Esta comunicación escasa también se traslada a las familias. "Hay una falta de información total de los padres, hay que prevenir y educar, no puedes dar un aparato tal cual", expresa la directora de Azajer. "La prohibición no es la solución pero hay que prevenir ", agrega. Asegura que las madres y los padres "están asustados" porque no saben cómo actuar. Por ello, la asociación aragonesa se traslada a los colegios para ofrecer charlas sobre este tema. "Por ejemplo, en los colegios dejan que los alumnos entren con los teléfonos móviles y los utilizan en clase. Así no se pueden concentrar en los estudios", se lamenta Aguado.

¿Pero en qué tareas se emplea el tiempo frente a la pantalla del dispositivo móvil? Según la información de Azajer, el 73% de los usuarios realizan fotografías y envían mensajes, el 54% de los usuarios envía fotografías y videos, el 44% accede a Internet, el 38% manda y recibe correos electrónicos y el 23% accede a sus redes sociales.

A la propia adicción al teléfono móvil se agregan otros problemas coyunturales como el aumento de las faltas de ortografía, de la impaciencia, de la preservación de la intimidad de los adolescentes en las redes sociales y de la moda creciente de las apuestas deportivas.

De hecho, a pesar de que los dispositivos móviles cada vez toman más fuerza, también es verdad que los usuarios son conscientes de sus peligros y de los cambios que están produciendo en la manera de comunicarnos.

Más del 80% de los españoles encuestados en la encuesta del CIS realizada en marzo del año pasado, opinó que la llegada de estas tecnologías han hecho disminuir la protección de la intimidad, al igual que la comunicación familiar entre padres y entre padres e hijos, algo que confirmaron el casi el 68% de los encuestados. Un sí rotundo al uso pero cuidado especial al abuso que genere dependencia.

 

 

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