Una hormiguita con coraje

 

Verónica Pardos, Escuelas Pías

El cerebro: una cura creada por los humanos para intentar evitar los estragos del corazón, bomba nuclear explosiva, suicidio y asesinato de cuantos la prueban. Como una droga estimulante, te lleva a creer que puedes hacerlo todo, que todo está a tu alcance, que eres alguien, pero, aunque buenos sean tus propósitos y justa tu causa, no eres más que la más pequeña hormiguita de este gran hormiguero llamado mundo. Pero no te preocupes, siempre hay a tu lado alguna hormiga reina, estando allí cuando dejas volar tus ilusiones, cuando intentas cumplir los sueños, devolviéndote a la realidad con un golpe, incapaz de matarte, pero que hace que desees la más siniestra de las muertes. El golpe va dirigido al centro de aquel pequeño mundo en nuestro interior, aquel capaz de hacer que nos levantemos cada mañana, aquel que hace feliz nuestra existencia, va directo al corazón.

Y aunque, cosa difícil, no sea capaz de perforar la fina coraza del corazón, te llega adentro y te recuerda tu posición, porque una hormiga no es más que eso: una hormiga; no es nadie capaz de mover montañas, nadie capaz de surcar mares, ríos y océanos de dificultades, buscando aún la cura para su corazón, y no hablo de dolor de corazón por un chico o chica, que tenga un lugar especial en él para ti, sino de cuando sientes que una de las personas más importantes que tienes a tu lado empieza a formar murallas entre las dos, dejándote fuera de un mundo del que un día te creíste partícipe, excluyéndote de todo, haciéndote sentir una extraña en un mundo de hermanos, y cuando esta situación ocurre, es cuando ves que tu corazón se convierte en un pozo sin fondo de melancolía, del que no puedes salir a menos que alguien te acerque una cuerda, pero ves a todos los que te importan pasar por delante, mirando hacia ti pero sin verte, acercándose para hablar de otra cosa, o incluso, haciendo caso a la hormiga reina, simplemente para no caer en la misma posición que tú. Cuando sientes esto, simplemente te preguntas: ¿Tiene sentido vivir, si la vida es una continuación de sufrimientos, uno más grande y doloroso que el anterior?

Y esa pregunta es la invitación a la tumba, no física, sino psicológica, pero, cuando tienes el cuchillo a la altura del corazón, dispuesto a perforarlo y a acabar con el sufrimiento que es la vida, cuando empiezas a empujar y comienzas a sentir el frío tacto del metal contra la piel, la rapidez con la que fluye la sangre y el dolor de todo lo que dejas atrás piensas Y ¿Qué sentido tiene la muerte?

Y te planteas si es mejor la vida, pues puedes encontrar a alguien a quien le importes, únicamente por el hecho de que haya alguien que llore tu muerte, ya merece la pena seguir viviendo, puesto que hasta la hormiga más pequeña puede crecer, o incluso, puede ayudar, mejorar el hormiguero, mejorar la Tierra, dejar el mundo mejor para las demás hormigas que vengan después.

 

 

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