Docentes sin examen

 

Un tercio de los profesores españoles en ejercicio nunca se han sometido a una evaluación después de haber conseguido su plaza, según asegura la OCDE

Alicia Gracia (El Periódico del Estudiante)

Los maestros y profesores son la piedra angular del sistema educativo. Forman, evalúan y examinan a las nuevas generaciones, que más tarde se convertirán en trabajadores. Pero, ¿quién examina a los docentes? ¿Existen controles de calidad a los que someterlos? Según advierte la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OCDE), un 36% de los profesores españoles no han sido nunca evaluados formalmente y, además, asegura que la participación de los docentes españoles en actividades de desarrollo profesional -cursos, talleres formativos, conferencias- es de las más bajas de los países que integran la asociación, junto con la de los italianos.

El colectivo de docentes, para bien o para mal, lleva algún tiempo en el ojo del huracán. A principios de este mes, por ejemplo, se inició un intenso debate sobre la necesidad o no de establecer incentivos salariales que premien a aquellos profesores de la educación pública, muchos de ellos con plaza de funcionarios, que acrediten un buen rendimiento.

Precisamente, la conveniencia de evaluar periódicamente a los docentes salió a la luz pública a raíz de los documentos preparatorios del Libro Blanco de la Profesión Docente, tantas veces anunciado por el Ministerio de Educación. Estos trabajos fueron encargados por parte del ministerio al filósofo y pedagogo José Antonio Marina y alumbraron los nuevos debates sobre la evaluación de los maestros y su consiguiente retribución.

A este respecto, Marina opina que "los buenos profesores no pueden cobrar lo mismo que los malos". En el libro, en el que propone distintas medidas para mejorar el sistema educativo español en un plazo de cinco años, piensa que "nos parecía criminal que los médicos no actualizaran sus conocimientos, pero somos más condescendientes con los docentes que no lo hacen". Por ese motivo, cree que "hay que evaluar también al profesorado (viéndole actuar dentro del aula), a los directores, a los inspectores, y también a los responsables de la administración que deben comprometerse a una evaluación formal y textual", apunta el autor.

El filósofo José Antonio Marina pone de ejemplo Finlandia que, tras atravesar una gran crisis educativa hace unos cuarenta años, decidió reformar el modelo. De este modo, según Marina, el país nórdico creó un currículo muy variado que incluye artes, ciencias, humanidades, idiomas, matemáticas y educación física; dio mucha libertad a los colegios e institutos para llevarlo a cabo; priorizó los estudios prácticos, valoró la creatividad, animó a profesores y a colaborar; y abrió las escuelas a la comunidad y a las familias.

Pero el tema de la evaluación periódica de los profesores no es una cuestión sencilla. Tras las declaraciones de José Antonio Marina que aparecieron en la prensa hace unas pocas semanas, el debate se ha avivado. Desde los sindicatos critican la medida, las asociaciones de padres y madres adoptan posturas encontradas y los docentes, por último, se sienten amenazados. A los alumnos, paradójicamente, nadie les ha preguntado su opinión sobre la implantación de esta nueva medida. Sin embargo, José Antonio Marina sí propone algunos parámetros de evaluación del profesorado en los que la consideración de los alumnos tendría una gran relevancia.

Por ejemplo, el filósofo propone tener en cuenta el aprovechamiento pedagógico del alumno -no la nota, sino el modo de progresar—y la opinión del alumno, entre otras formas de medición. Convenciones de carácter internacional como la Cumbre Mundial de la Educación, que se celebró en Qatar a principios de año, detectó que la calidad de los docentes es el mayor problema del sistema educativo. Para mejorarla, parece ser que la mayoría de partidos políticos españoles están de acuerdo que la creación de un nuevo modelo de acceso similar al MIR sanitario sería una buena solución. Por su parte, las asociaciones de padres y madres muestran un posición flexible al respecto.

Desde Fapar (Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de la Escuela Pública de Aragón) consideran que "las evaluaciones siempre deben estar al servicio de la mejora de la calidad de nuestro sistema educativo" y añaden que desde este punto de partida y considerando de "vital importancia" la formación del profesorado -tanto la inicial como la permanente - consideran "necesario que el docente, tanto durante su formación como durante el desempeño de su profesión, sea convenientemente formado y esa formación debería de estar debidamente evaluada". La elección de las fórmulas más adecuadas para evaluar es, para Fapar, lo más problemático. "Deben buscarse fórmulas que garanticen que la evaluación sea objetiva y efectiva". Y concluye esta federación: "La Administración debería tener en cuenta la opinión del alumnado y las familias".

 

 

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