La literatura y la vida

 

Cristina Carrillo Zorrilla, Colegio Santo Domingo de Silos

Es cierto, en la sociedad en la que vivimos la lectura ha pasado a convertirse en una actividad cada vez menos practicada. Creo que esto se debe a múltiples factores. La falta de tiempo es la excusa más extendida pero también la más hipócrita. Creo que si la lectura ha pasado a un segundo plano en los tiempos que corren, se debe a otras razones, pero no precisamente a la falta de ocasiones para practicarla. Uno de los motivos que considero que nos ha alejado de esta praxis ha sido la infinita lista de actividades alternativas que realizar en nuestro tiempo libre, que, a juicio de aproximadamente la mitad de la población, resultan más interesantes que la lectura. Pero estrechando más el cerco, me refiero a la tecnología, que de hecho, nos ha hecho apartar de nuestra vida cantidad de aspectos relevantes los cuales hoy dejamos a un lado, absortos por la tecnología, que nos hace antisociales, nos atonta y despista, nos distrae de nuestras obligaciones y de otros placeres que muchos desconocen por culpa de este avance de la ciencia que es arma de doble filo. Yo misma, que he sido lectora desde bien pequeña, y en mis ratos de relax, antes de ir a dormir, tenía por costumbre coger un libro y leer hasta que el sueño me vencía, hoy día he caído en las garras de la tecnología y he repudiado un libro por pasar el rato ojeando redes sociales o viendo programas y series tontas en televisión. Y es que es amplísima la lista de entretenimientos con los que la tecnología nos tienta y nos atonta: móviles, internet, televisión, ordenadores, tablets, etc. Es irónico analizar como los medios de comunicación de los que disponemos hoy en día, los que las nuevas tecnologías nos han brindado, pueden ofrecernos acceso a todo tipo de información, muchas veces, muy valiosa, y sin embargo les damos un uso totalmente inverso, un uso idiotizador, únicamente de entretenimiento que contribuye a que no pensemos, ni nos culturicemos, ni crezcamos como personas. Es el resultado contrario que da la literatura, que estimula nuestra imaginación y creatividad, nos enriquece y nos hace críticos. Pero en la sociedad contemporánea parece que leer literatura ha quedado como una actividad anacrónica y anticuada. Sin duda creo que las nuevas tecnologías han mermado gravemente la literatura.

Otro motivo por el cual pienso que se lee menos es la poca importancia que la gente le da al hecho de leer. Las personas no guardan un sitio en su vida para la literatura porque no encuentran razones para hacerlo, ignoran los motivos por los cuales la literatura es de gran importancia en la vida de los seres humanos, o simplemente, no los consideran relevantes. Por esto, creo que, aunque no se debería obligar a nadie a leer, pues la lectura debe ser algo de lo que se disfrute voluntariamente, y no una imposición, sí debería inculcarse desde niños. Pero no de la manera a la que estamos acostumbrados, en los colegios, que consiste en algo tan básico como obligar a un niño a leer un libro determinado con el único fin de aprobar un examen o algo por el estilo. No, a mi parecer, debería ser algo más amplio, más filosófico. Sería interesante que se alentara a las personas a reflexionar sobre el hecho de por qué leer, por qué es importante cultivarse, por qué aprender y no aprender sin más. Esto obviamente puede extrapolarse a todos los ámbitos, pero la literatura, como decía Vargas Llosa, es el denominador común entre todos los seres humanos, una disciplina que está y estará siempre al alcance de todo el mundo, pues a diferencia de cualquier otro tratado, es la única que no ha caído en la subdivisión del conocimiento; la especialización, y es por esto por lo que quizá, sí debería hacerse más hincapié en su magnitud.

Pero no estoy de acuerdo al cien por cien con el premio nobel. La literatura no debería convertirse en algo impuesto, creo que ha de conservar su carácter de pasatiempo, algo que se realiza en nuestro tiempo de ocio, voluntariamente, para que así siga siendo algo bello, un instrumento de disfrute, al que recurramos cuando queramos pasar un rato agradable. En cambio, si se convirtiera en una obligación, perdería su sentido, ya que cualquier cosa impuesta se vuelve desagradable y costosa. No creo que obligar a leer sea lo más correcto, sino, como he dicho antes, dar motivos por los que leer, y que cada individuo sea libre de elegir. Cada persona que tenga oportunidad y acceso a la información es libre de decidir si desea ser una ignorante o no.

Y sí, no dedicar tiempo a la literatura nos hace en cierto modo, menos inteligentes, pues la persona que lee buena literatura obtiene abundantes beneficios. El más claro es el vocabulario, la literatura es la mejor forma de enriquecer nuestro léxico.

Leyendo aprendemos nuevas palabras de manera inconsciente, y disponer de un vocabulario amplio, es imprescindible para desenvolvernos en nuestra vida diaria. Por ello, nuestra forma de hablar juega un papel determinante en la impresión que causamos en quienes nos rodean.

Conocer la palabra adecuada es esencial para expresarnos correctamente. También es la mejor técnica para perfeccionar la ortografía, mucho más fácil y eficaz que estudiar de memoria sus reglas, ya que se va asimilando sin que uno se dé cuenta.

La literatura aporta muchas otras competencias, en lo que a cultura se refiere, nos hace prosperar, aun cuando no es esa su principal intención. Nos hace reflexionar e imaginar. Nos hace un poco más sabios, nos da la verdad y la verdad nos hace libres, nos permite ser críticos. Pero si bien es cierto que la literatura ayuda a todo esto, no comparto la opinión que Mario Vargas Llosa propugna en su ensayo, en la que habla de la literatura como algo sedicioso, que nos hace inconformistas y nos lleva a la infelicidad, a la lucha y a la sublevación. Esto depende del propio individuo, del tipo de literatura, de cuan analítico sea este y por supuesto, de la predisposición al inconformismo y la utopía.

 

 

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