Los mayores cuentan

 

Dos personas se edad visitaron el IES Valdespartera para compartir con los alumnos de 2º de la ESO sus interesantes experiencias vitales

Alumnos 2º ESO IES Valdespartera

Uno de los aspectos fundamentales en clase de Lengua es la práctica y, en particular, la lectura en público, la oralidad y la escucha. Puesto que nuestros mayores son un pozo inagotable de historias, ofrecimos la clase abierta a la aportación de la abuela de una de nuestras alumnas más queridas, que contó una aventura real: la odisea que se inicia con la colaboración desinteresada de su marido en un centro de acogida de madres solteras, y que concluyó con la adopción de una de las mujeres allí alojadas y su niña... que hoy es la nieta ±no de sangre, pero eso ya es anecdótico, pues la quieren tanto o más que a los consanguíneos± que nuestros alumnos tienen por compañera.

Fue una dosis de realidad que arrobó a los chicos, y así cuentan la experiencia.

Pilar, la protagonista del relato "A finales de octubre mi yaya se ofreció voluntaria para hablarle a mi clase y contarle mi historia. Sabía que ella estaba muy nerviosa, porque me lo había dicho antes, pero no era la única: yo también lo estaba, pues no sabía si a mis compañeros les iba a gustar, o se iban a reír de mí, o cualquier otra cosa que me pudiera molestar", expresa el nieto de la protagonista.

Otros alumnos cuentan: "Pepita ha venido al instituto a contarnos una historia; no una historia cualquiera, sino la de una familia que no entiende de razas, ni de genes, ni nada de eso. Hace trece años vino a Zaragoza a vivir una personita llamada Diana. Esta mujer se instaló en Valdefierro, en una casa cuna (Aincaren). Venía sola, con nada, sin nadie; se había quedado embarazada a los 21 años, del novio, que le dijo que vendría con ella a España; pero nunca cumplió su promesa. Cuando llegó no tenía dónde ir, así que fue a un hogar donde unas mujeres le cuidaban, le ayudaban con la ropa y, lo más importante, donde podría criar a su hija. Allí iba a ayudar un hombre llamado Manuel, que hacía lo que hiciera falta: igual arreglaba una persiana, una puerta, la calefacción, o lo que fuera. A la hora de comer se sentaba con la gente del lugar y, a su lado, empezó a coincidir con Diana. Casualidad del destino o no, se llevaron bien, se hicieron muy amigos, la invitaban a comer, a tomar café hacían lo que fuera para estar con ella.

Unos meses más tarde, Diana se puso de parto y, a las semanas de que naciera el bebé, fue con su madre a casa de Josefa, y les pidió si querían ser sus padrinos. Ellos accedieron, y cada vez le tomaban más cariño en toda la familia y eso que era numerosa. Hasta que un día el abuelo preguntó si querían madre e hija ir a vivir con ellos Años después Diana y Pilar se fueron a vivir lejos; a Mallorca. Les echaban tanto de menos, que la abuela decidió aprender a usar la webcam, y así pudo conversar a diario por Skype con sus chicas. Tiempo después regresaron a Aragón. Pilar fue al colegio y se integró entre nosotros".

Irene y todos, destacamos que nos parece una experiencia hermosa; que vengan algunas personas mayores a contarnos algunas de las anécdotas que han vivido. En este caso aprendimos que la familia no es sólo la de sangre, sino las personas que te quieren y te cuidan como si lo fueras.

Muy pronto Ángel, un jubilado hombre de teatro y buen contador de historias, tomará el testigo. Para preparar el terreno organizamos un recital de poesía, en el que sonaba el saxofón del joven Darío entre poema y poema.

 

 

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