Homo viator, el viajero

 

Alberto Alloza, 1º Bachillerato IES Félix de Azara

José, un hombre culto y optimista de 26 años, se marcha a Damasco (Siria) para irse diez días de vacaciones. Nada más llegar, decide ir a una guía turística para dar a conocer los mejores lugares. Después de esto, se marcha a un bar a tomarse un café, donde conoce a una chica muy especial, Sara. Ella es la camarera, tienen muchas cosas en común, especialmente la cultura.

Hablando y hablando, como si se conocieran desde siempre, se dan cuenta de que cada vez se encuentran más a gusto cuando están juntos, hasta tal punto que Sara, una chica de 24 años con mucha iniciativa, le invita esa tarde a conocer un puesto de antigüedades. Ella es alta, risueña e inteligente, pero también huérfana, ya que sus padres sufrieron un accidente grave cuando ella tenía 18 años. Debido a esto, tuvo que dejar su carrera y estudios, puesto que era imposible que se pudiera concentrar, y además debía ganarse la vida.

Desde el día en que se conocieron, salen todos los días juntos, y con la excusa de que José tiene que conocer lo más destacado de la ciudad, ella le enseña todo, es decir, visitan museos, palacios, mansiones, mezquitas...

Con el paso del tiempo, la confianza hace el cariño, y ya están empezando a sentir cosas el uno por el otro. Quedaban dos días para que José tuviera que partir ya hacia España. Ese día fue el único que no pasaron juntos; no obstante, Sara le mandó un mensaje diciéndole si quería quedar para irse a cenar a su casa. José, sin nada mejor que hacer, aceptó la propuesta. Ella le preparó lo típico en gastronomía; la noche fue muy larga, hablaron de todo y vieron una película, trataba de amor. Conforme iba avanzando la película, ellos se miraban, enrojeciendo cada vez más. El siguiente paso fue un abrazo, pues estuvieron abrazados durante un tiempo. Se apartaron, pero Sara (mucho más enrojecida) le iba a dar un beso en la mejilla, al mismo tiempo que José le fue a decir una cosa, lo que llevó a un pequeño beso, hasta que se empezaron a enrollar, fruto del amor surgido entre ellos y, finalmente, acabaron en la cama. Al día siguiente José debía marcharse; es una lástima, pero el tiempo se acabó.

Pero esta historia no iba a tener punto y final, muchos días se escribían por correo y se llamaban. Hubo una temporada en que dejaron de hablar durante unas semanas, pero tenían un vago recuerdo del otro. Durante el verano de 2014 (es decir, había transcurrido solo un año) la casa de Sara fue bombardeada, como muchas otras en Siria. Sara se vio obligada, de la noche a la mañana, a abandonar su domicilio. Lo primero que hizo fue comentarle a José todo lo sucedido, diciendo además que iba a traspasar la frontera de Hungría andando. A las dos semanas, el gobierno húngaro decretó que los refugiados debían a ir a Italia.

José, sorprendido y entre pequeñas lágrimas, se ofreció a ir a buscarla al aeropuerto de Roma, traerla a España para poder estar con ella y alojarla en su piso. Intentar conseguirle un trabajo sería lo próximo. Siempre es bueno mirar el lado positivo; en este caso, sus caminos han vuelto a encontrarse. Es probable que puedan tener una relación seria y estable, y quién sabe si el destino acogerá una nueva familia.

 

 

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