San José de Calasanz

 

Sara Fernández Lobico, 3º ESO Colegio San José de Calasanz

Era viernes por la tarde y al llegar a casa del cumpleaños de una amiga me fui a la cama ya que estaba muy cansada. Al día siguiente, por la calle, vi una fila de niños que iban muy contentos detrás de un señor que me resultaba familiar, así que decidí ir tras ellos.

Cuando llegaron a un campo todos los jóvenes formaron un círculo y empezaron a jugar mientras el señor se sentaba en el suelo y empezaba a leer. En ese momento me acerqué a él y, antes de que pudiera decir nada, se levantó y se presentó. ¡No me lo podía creer! Ese hombre era con el que había crecido en la escuela escuchando su historia, San José de Calasanz.

Estuvimos conversando durante un rato y me preguntó qué opinaba de la enseñanza, a lo que yo le respondí que no entendía su significado porque nos mandaban muchos deberes. Calasanz se quedó pensativo unos segundos y contestó: "Espero que nunca te olvides de esta frase. La enseñanza que deja huella no es la que se hace" Abrí los ojos y me di cuenta de que todo había sido un sueño, pero un sueño que había dejado sin terminar.

Cada sábado cambiaba mi estado de Whatsapp y pensé que si lograba descifrar la frase que Calasanz me decía en el sueño sería perfecta para esta semana. Salí a la calle dispuesta a dirigirme a la biblioteca a ver si podía encontrar información. Por el camino me encontré a mi profesora de Lengua que iba camino de la escuela y, aunque era sábado, dedicaba su tiempo a niños que no sabían leer, así que decidí acompañarla para ayudarle.

Al terminar las clases le pregunté si ella sabía la frase, pero solo me pudo decir que seguía "cabeza a cabeza". Le di las gracias y continué mi camino hacia la biblioteca. A lo lejos me di cuenta de que un niño estaba llorando; me acerqué a él le pregunté qué le pasaba pero él se limitó a señalar a una cometa que volaba sin rumbo fijo.

Empecé a correr tras ella y después de unos minutos corriendo se posó en una olivereta. Intenté alcanzarla pero no podía, estaba demasiado alta. Una corriente de aire la sacó y empezó a volar de nuevo. De repente la cometa se cayó al suelo, justo delante de un muro que me llamó la atención; estaba lleno de corazones de distintos colores.

Al entrar en casa mi madre me dijo: "Ha llamado un señor y solamente me ha dicho que si te has fijado en el muro, tu búsqueda ha terminado". Actualizar estado: "La enseñanza que deja huella no es la que se hace cabeza a cabeza sino corazón a corazón".

 

 

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