Televisión sin televisor

 

Las nuevas plataformas de visonado bajo demanda como Netflix ganan terreno

Alicia Gracia (Periódico del Estudiante)

Netflix, la plataforma online que hoy encabeza la revolución de la industria televisiva, fue en sus inicios un videoclub a domicilio que enviaba a sus suscriptores las películas y series que elegían en una página web por correo postal. Redd Hastings y Marc Randolph, los propietarios de la empresa, aprovecharon en el 1997 el cambio de VHS a DVD para crear un pequeño negocio. Dos años más tarde, introdujeron una tarifa de suscripción con acceso ilimitado para alquilar DVDs y en el 2000 pusieron en marcha un sistema de recomendaciones de contenidos. En el 2002, Netflix ya contaba con 600.000 usuarios en Estados Unidos, y fue entonces cuando decidió salir a bolsa, año en el que Randolph abandonó el proyecto. Netflix continuó creciendo llegando a los 4,2 millones de suscriptores en el 2005, y en el 2007 puso en marcha la distribución de películas en streaming (emisión en directo), un proyecto que comenzó desde cero con un catálogo muy limitado.

El 1 de enero de este año, Netflix superó los 75 millones de miembros, según indicó la propia plataforma en una carta a los accionistas donde se detallaban los resultados del cuarto trimestre del año pasado. Y los resultados del primer trimestre de este año se auguran positivos, debido al lanzamiento simultáneo el pasado 6 de enero de su servicio a 130 países. Con esta ampliación, son ya 190 países los que tienen acceso a Netflix, aunque todavía no ha llegado a China. En España está disponible desde el 20 de octubre del 2015. "Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva cadena global de TV por internet", aseguró el cofundador y consejero delegado de Netflix, Reed Hastings, cuando se produjo el desembarco de la plataforma en casi todos los países del mundo. "Con este lanzamiento, los consumidores de todo el mundo, desde Singapur a San Petersburgo, de San Francisco a Sao Paulo, podrán ver las mismas películas y series de televisión simultáneamente. Se acabaron las esperas. Con la ayuda de internet, estamos dando a los consumidores la libertad de ver contenidos cuando quieran, donde quieran y con el dispositivo que quieran", agregó.

En ese aspecto radica el origen de su éxito, en la posibilidad de ver contenidos televisivos y cinematográficos globales en diferentes dispositivos (televisión, tableta, teléfono móvil) y sin esperar a la hora de emisión elegida por las cadenas. "Netflix es una plataforma de video bajo demanda que es líder a nivel mundial y que parte de su éxito se debe al amplio catálogo de películas y series que ofrece con contenidos propios de gran calidad", explica Miguel Ángel Gracia, responsable de la Unidad de Estrategia Tecnológica I+i del Instituto Tecnológico de Aragón (ITAINNOVA).

Los denominados millennials -ya nativos digitales- lideran la huida de la televisión a internet. "Lo que sí que parece es que los espectadores cada vez más optan por ver los programas y contenidos en el momento que desean y que la televisión es un medio que va a estar unido a redes sociales", apunta Miguel Ángel Gracia. Realmente esta generación de jóvenes sigue viendo la televisión pero no en el tradicional televisor.

"Las tendencias relativas a los jóvenes indican que hay un mayor consumo de vídeo online o a través de portátiles, tabletas y teléfonos móviles y esto hace que se reduzca el tiempo que ven la televisión y por otro lado cuando la ven está el tema de que al mismo tiempo están utilizando otro dispositivo como móviles para interactuar con sus amigos, estar en redes sociales, etc; por lo que la televisión es un dispositivo más de consumo de contenidos, pero se plantea la duda de si es el dispositivo principal o se le está relegando a un segundo plano", argumenta el responsable de la Unidad de Estrategia Tecnológica I+i del Instituto Tecnológico de Aragón.

Es en ese hueco donde surgen plataformas como Netflix, Wuaki.tv, Filmin o Yomvi. Las televisiones bajo demanda permiten al usuario acceder a un catálogo audiovisual muy amplio por una cuota mensual que no suele superar los 15 euros. "Lo que diferencia a Netflix frente a las otras plataformas son los contenidos de producción propia", señala Gracia.

Lucha contra la piratería

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, estas compañías tienen que enfrentarse a retos como la piratería, la velocidad de conexión a internet, a las condiciones específicas de cada país y a las productoras establecen los derechos de emisión. Según Miguel Ángel Gracia, "si estas interesantes, plataformas ofrecen buena experiencia de uso y de acceso al contenido y precios razonables es posible que se pueda frenar la piratería". Las cadenas de televisión tradicionales están reaccionando al auge y popularidad que están sufriendo las televisiones bajo demanda. "Los radiodifusores están apostando por la televisión híbrida donde a la señal de TDT se le añaden contenidos de Internet. Por ejemplo, Radio Televisión Española, ha apostado por el botón rojo que permite que los usuarios accedan a contenidos añadidos a la programación explotando las posibilidades de internet, a su programación mediante aplicaciones de Televisión a la carta, etc.", explica Miguel Ángel Gracia.

Es una evidencia afirmar que la industria televisiva está cambiando pero todavía no se puede asegurar hacia dónde se dirige. El mundo de la televisión está "bastante fragmentado con distintos intereses por las distintas partes: radiodifusores, fabricantes y desarrolladores de aplicaciones", explica Miguel Ángel Gracia. Además, está el hecho de que cada vez hay más aparatos de televisión con capacidad para conectarse a Internet, "con lo que esto amplía las posibilidades de la TV y permite que sea más interactiva y te ofrece nuevos servicios y aplicaciones como, por ejemplo, los servicios de video bajo demanda", concluye.

Este año, Netflix estrenará once series nuevas en su catálogo, sus suscriptores aumentan de forma espectacular y, como consecuencia, las acciones de la empresa han subido el 12%. Todo ello, avecina un nuevo panorama audiovisual, en el que el espectador comienza a interactuar con la televisión de forma proactiva. Ahora es el público el que decide el qué ver, dónde verlo y cuándo verlo, y ya no el programador.

 

 

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