Europa se blinda

 

La gestión del creciente flujo de refugiados y el desafío terrorista amenazan el espacio Schengen

Alicia Gracia (Periódico del Estudiante)

El problema de hacer promesas es que, en muchas ocasiones, acaban no cumpliéndose. Y el caso se hace más escandaloso cuando ese compromiso se expone en público. Es precisamente lo que le ha pasado a la Unión Europea frente a la tragedia humanitaria de los refugiados.

Esta crisis migratoria se agudizó el pasado año por el incremento del flujo descontrolado de refugiados que compartían vías de desplazamiento hacia países de la Unión Europea. Ante esta situación crítica, considerada la mayor crisis migratoria y humanitaria en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, los países pertenecientes a la Unión Europea tomaron cartas en el asunto. La presidencia del Consejo de la Unión Europea, que ejerce en Luxemburgo, convocó para el 14 de septiembre del 2015 una reunión extraordinaria de los ministros de Justicia e Interior de los 28 Estados miembros para llegar a un consenso sobre una respuesta necesaria ante esta crisis migratoria. En aquel momento, se acordó acoger y repartir a 160.000 refugiados. Pero mientras Europa sigue todavía con sus debates, todavía no ha cumplido los compromisos mínimos a los que llegó el año pasado. Del total de refugiados que deberían haber sido acogidos por países de la Unión Europea, 19.219 tenían que haber venido a España. Sin embargo, el resultado real es desolador. Se han ubicado algo más de 300 refugiados en todo el continente, 18 de los cuales han venido a España. La España rica no se ha dado cuenta de que se ha dado la vuelta a la tortilla. Nadie recuerda ya a los miles de exiliados republicanos que fueron distribuidos en campos de refugiados en Francia tras la Guerra Civil española.

Mientras tanto, se fueron alzando muros en una Europa que pretendía, en su origen, derribarlos. Serbia, Croacia, Hungría, Bulgaria y Austria levantaron vallas para frenar la afluencia masiva de refugiados. Y actualmente, Suecia, Noruega, Dinamarca, Austria y Alemania han recuperado temporalmente el control de sus fronteras debido al gran flujo de inmigrantes en busca de asilo. A ellos se ha sumado Francia con la declaración del estado de emergencia decretado tras los atentados terroristas que sacudieron París el pasado mes de noviembre.

La gestión del flujo de refugiados, por un lado, y la amenaza terrorista, por otro, están poniendo a prueba algunas de las bases de la Unión Europea mientras se recuperan las fronteras nacionales de diferentes países. Una de ellas es el riesgo a abandonar el espacio Schengen definitivamente.

El pasado 27 de enero, la Comisión Europea puso encima de la mesa una propuesta para restablecer durante dos años los controles fronterizos con el fin de contener al 1.200.000 de refugiados que llegaron a suelo comunitario el año pasado. Además, Bruselas lanzó un ultimátum especialmente a Grecia por considerar que no está haciendo lo suficiente por evitar la llegada de refugiados a través de la isla griega de Lesbos, por donde el año pasado lograron llegar a Europa 880.000 refugiados.

¿Espacio de libre circulación?

El Espacio Schengen fue creado en el 1985 mediante el acuerdo de Schengen, que comenzó a funcionar en el año 1995. El tratado tiene como objetivo suprimir las fronteras comunes entre los países integrantes de la Unión Europea y establecer controles comunes en las fronteras exteriores de esos países. Algo así como si los estados integrantes del acuerdo -son 26 los países pertenecientes y no coinciden exactamente con los que integran la Unión Europea- fuera un solo país.

Sin embargo, el acuerdo que rige este espacio comunitario fija que la libertad de circulación entre países del espacio Schengen pue de suspenderse transitoriamente en circunstancias excepcionales, un caso que ha sucedido recientemente por la amenaza terrorista en Europa.

Teniendo la Unión Europea ya en la cabeza el restablecimiento, durante dos años, de los controles con el objetivo de contener al elevado número de refugiados que llegan continuamente a suelo comunitario, a la Comisión Europea se le plantean otros problemas de índole económico. El France Stratégie, un centro de análisis vinculado al gobierno francés, se ha preguntado cuáles serían las consecuencias económicas de tal decisión para la Unión Europea. Según los cálculos de este centro, el impacto en el PIB de los 26 países europeos que hoy comparten el área de libre circulación de personas y mercancías sería del 0,8%. Esto se traduce en pérdidas por valor de unos 110.000 millones de euros en los próximos diez años.

La incertidumbre está servida. Lo que es una realidad es que la Unión Europea, a raíz de los ataques terroristas y de la crisis migratoria, se blinda poco a poco.

 

 

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