Despertar en otro planeta

 

Mario Ariza, La Salle Montemolín

Un rayo de sol entre las hojas impactó en mi párpado y lo hizo abrirse. Estaba mareado, cansado pero sobre todo desorientado. Me encontraba en medio de un bosque que, extrañamente, recordaba más a una selva. Mientras me quitaba el abrigo, me preguntaba cómo podría hacer tanto calor en pleno diciembre. Esa noche había sido el cumpleaños de Umberto y me había pasado con el alcohol pero ni rastro de resaca. El móvil estaba sin cobertura y llevaba un buen rato andando cuando me pareció ver un dedo. Me froté los ojos y parpadeé tres veces antes de volver a mirar y quedar incrédulo cuando comprobé que mi vista estaba perfectamente. Continué andando intentando olvidar aquel suceso cuando observé que estaba al lado del riachuelo que iba a la par que yo. Pero se me heló la sangre al caer en la cuenta de que estaba subiendo una pequeña colina y que aquel hecho era físicamente imposible. Apresuré mi marcha e intenté recordar algún momento de la noche en el que alguien hubiera podido echarme algo en la bebida. Pero me percaté de que había tres soles. Estaba en otro planeta.

 

 

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