Piensan, luego existen

 

Uno de los grandes retos de la investigación en inteligencia artificial es conseguir que las máquinas sean conscientes de su intelecto

Alicia Gracia (Periódico del Estudiante)

¿Progreso o amenaza? La evolución de la inteligencia artificial plantea esta dicotomía entre los humanos. Sin embargo, la respuesta es simple: depende. "Cuando empezó a trabajarse con la energía atómica nadie empezó construyendo una bomba atómica, empezaron a pensar qué era eso del átomo y cómo se comportaba. La tecnología en sí no es buena ni es mala. Que consigamos tener máquinas inteligentes, ni es bueno ni malo, depende de la función que les queramos dar", explica Francisco Serón, Catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad de Zaragoza y responsable del Grupo de Informática Gráfica Avanzada (GIGA) del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón. Lo que es una realidad es que el ser humano, desde que es consciente de sí mismo, inventa herramientas que le permiten generar otras más complejas y que, a su vez, le hacen evolucionar y mejorar. Actualmente, el desafío de la inteligencia artificial es una de las principales líneas de investigación científicas.

Hoy en día, existen dos líneas de avance en el conocimiento humano. Una de ellas intenta copiar cómo procesan información los seres vivos. "La naturaleza ha encontrado un procedimiento evolutivo que genera unos sistemas nerviosos que tienen capacidad de procedimiento de la información pero nosotros todavía desconocemos cómo decírselo a las máquinas", apunta Francisco Serón. Por otro lado, los ingenieros buscan resolver problemas para conseguir que las máquinas hagan cosas que, si las hicieran un ser humano, diríamos que son inteligentes. "Se han encontrado procedimientos para enseñar a los computadores a jugar a ajedrez. Pueden ganar siempre, puedes bajarles el nivel o subírselo, pero podemos decir que nos han sobrepasado", apunta Serón.

Sin embargo, el principal reto que tienen por delante los investigadores dedicados a este área es conseguir que las máquinas se den cuenta de que existen, es decir, que tengan consciencia y que puedan resolver problemas a los que nunca antes se han enfrentado. "Mucha gente está trabajando en esto. Si las máquinas se dan cuenta de que son distintos de los que los rodean, habríamos avanzado un paso de gigante en esto de conseguir que las máquinas acaben siendo más potentes que nosotros", expresa el investigador Francisco Serón.

La historia de la inteligencia comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, hace unos 70 años. "Si un computador que se hizo para calcular se ha convertido en campeón de ajedrez, deja pasar 200 años. El crecimiento del conocimiento y el desarrollo tecnológico aumenta de manera exponencial", apunta Serón.

Pero, ¿realmente conseguiremos los seres humanos superar las expectativas? Nadie lo puede predecir. Lo que sí es cierto es que "la evolución es prueba y error" y los robots "trabajan a mayor velocidad que nosotros, tienen más capacidad de almacenamiento y son capaces de trabajar con problemas con muchísimos parámetros de entrada", argumenta el investigador aragonés.

Pero este proceso se va a producir de "forma gradual", en unos plazos que se desconocen, aunque algunos expertos indican que puede conseguirse en unos cincuenta años. Nuestra vida cotidiana está llena de máquinas y robots: teléfonos móviles, coches y material militar inteligentes están a la orden del día. "La tecnología nos hace vivir mejor y más cómodos", afirma Fernando Serón. Y añade: "máquinas inteligentes, entendiendo inteligencia como capaces de resolver problemas que el ser humano es incapaz de resolver, existen hace muchos años. Lo que sucede es que nos resistimos a reconocer la inteligencia de las máquinas".

Desde Zaragoza se está trabajando para desarrollar la inteligencia artificial. Por un lado, la neurología y la neurofisiología están intentando entender cómo funciona el cerebro del ser humano para luego poder copiar patrones en las máquinas. Por otro lado, Francisco Serón y otros investigadores están actualmente "intentando construir algoritmos para modular el comportamiento de máquinas de una manera que no es predecible".

"Pienso luego existo" escribió René Descartes en 1637. Parecía descabellado que una máquina pudiera algún día pronunciar esas palabras. Casi cuatrocientos años después investigadores de todo el mundo piensan que es cuestión de tiempo.

 

 

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