Las apariencias engañan

 

La biotecnología utiliza organismos vivos para modificar productos o procesos de áreas tan dispares como la medicina o la agricultura

Alicia Gracia (Periódico del Estudiante)

Consigue encender y apagar neuronas de un gusano utilizando ultrasonidos, persigue clonar especies animales para frenar su amenaza de extinción y trabaja actualmente con una bacteria que puede llegar a eliminar las larvas del mosquito transmisor del virus zika. La biotecnología -que emplea células vivas para la obtención y mejora de productos útiles como los alimentos y los medicamentos, según define la Real Academia Española- es, a partes iguales, querida y odiada. Tradicionalmente, esta ciencia se ha relacionado con los organismos modificados genéticamente (OMG) pero actualmente la biotecnología está avanzando en campos como la adaptación al cambio climático o la nutrición con nuevos instrumentos, en muchas ocasiones, difíciles de regular legalmente.

Explicar algunas de las últimas investigaciones en esta materia fue el objetivo del simposio celebrado la semana pasada en Roma en la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Allí, los expertos hicieron menciones a la ingeniería molecular y la manipulación del ADN y reiteraron las ventajas que ofrece la biotecnología.

Según los investigadores, esta ciencia sirve para desarrollar nuevas vacunas, en el ámbito de la medicina; fertilizantes y pesticidas biológicos, en el área de la agricultura; y para mejorar la calidad de los alimentos, en nutrición. En este sentido, la amenaza del cambio climático está movilizando recursos para poner en marcha proyectos tan concretos como la investigación de los garbanzos en Turquía, donde se estudia su adaptación al clima a distintas alturas para poder reproducir ese comportamiento en otros países; o proyectos que se encaminan a buscar un maíz más resistente a los insectos y a la sequía, como la que este año está afectando al sur de África.

Entre los escépticos a las ventajas que pueden traer los avances de la tecnología a la sociedad actual, están los expertos que se preguntan quién se beneficiará realmente de esos proyectos. En el congreso de Roma, con La Vía campesina, movimiento que engloba a organizaciones de agricultores, llegó la voz discordante. Su líder, Guy Kastler, descartó las innovaciones de biotecnología dentro del sector de la agricultura cuando las plantas "son capaces de adaptarse de forma natural al cambio climático". De este modo, metió en el mismo saco a los transgénicos, mejorados con genes de otras especies, y a las nuevas biotecnologías, muchas de las cuales escapan a la regulación y pueden resultar, según indicó, "fraudes escondidos".

El desconocimiento de los posibles efectos adversos y el miedo a los efectos perjudiciales de esos productos en la salud de las personas y el medio ambiente sigue marcando el debate público. Países como Estados Unidos y Brasil están abiertos a su aceptación. La Unión Europea, por su parte, se rige por una de las reglamentaciones más duras sobre organismos genéticamente modificados. Por su parte, Aragón, según Ecologistas en Acción, aglutina el 40% de todos los cultivos transgénicos de España, que se traduce en más de 54.000 hectáreas.

Los intensos debates que plantea el cultivo de transgénicos se refleja en un gran tiempo de espera hasta que se aprueba el uso de una nueva biotecnología. De media pasan unos catorce años hasta su aprobación, y es que el papel de las autoridades en la regulación de este sector se mira con lupa.

Una alianza con la nanotecnología

De lo que no cabe duda es del tamaño que está tomando el sector de la investigación en biotecnología aliándose junto a otras ciencias como lo es la nanotecnología. Aragón no es una excepción. El centro tecnológico aragonés Aitiip presentó la semana pasada el proyecto Dibbiopack, gracias al cual han desarrollado envases inteligentes y multifuncionales a partir de biopolímeros, con la vista puesta en el sector farmacéutico, cosmético y alimentario. De un papel pasivo que tomaba un envase originalmente, esta iniciativa hace que el contenedor adopte un rol activo con funcionalidades para conservar mejor los alimentos e informar a los consumidores del estado de lo que hay en su interior.

El negocio multimillonario de la biotecnología crece más rápido que una legislación que la regule. En el aire está todavía si las ventajas de la biotecnología superan a los posibles perjuicios.

 

 

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