Navíos de peste

 

Jaime López, IES Cabañas de La Almunia

Había sido una temporada próspera en el comercio y llevaba la despensa de la Sierpe de Río llena a rebosar de mercancías que se venderían a buen precio en Italia. Cuando al final de la temporada Eval Rammal, capitán de la Sierpe de Río, pensaba en la rica y bella Venecia se le encogía el corazón de regocijo. ¿Quién narices iba a pensar que en su último destino la ciudad de Caffa sería asediada por esos malditos mongoles?

Tras llegar a los puertos y oír la noticia del asedio, Eval les dijo a sus muchachos que no se alejaran de la zona portuaria. Un capitán debía ser precavido, además otro de los capitanes que había en el puerto le aseguró que esos mongoles lanzaban los cadáveres de los suyos por encima de las murallas y que habían aparecido brotes de una nueva enfermedad entre los lugareños. Al oír esto Eval maldijo, pero que se le iba a hacer, necesitaba aprovisionarse de víveres y Venecia quedaba lejos. Solo esperaba que ninguno de sus marineros contrajera alguna enfermedad.

Tardó varias horas de mucho regateo comprar los suministros suficientes para abarcar todo el viaje. Pasarían un poco de hambre pero comprar comida en una ciudad bajo asedio no era muy buena idea. Una vez estaba todo listo y todos el mundo estaba moderadamente descansado y listo para partir Eval se fijo en algo raro que había en esa ciudad. A esa hora de la tarde debería de haber visto más ratas en una ciudad así de grande y parecía que todas se encontraban ahora en el puerto. Eval mandó echar a todas las ratas de la Sierpe pero sabía que algunas se les escaparían a los marineros. Eval suspiró.

Tras unos días de travesía el primer marinero se puso enfermo y después un segundo. Pronto toda la tripulación estaría enferma. Solo entonces Eval se dio cuenta de los errores que había cometido al entrar en Caffa.

Eval solo quería ver Venecia una vez más.

 

 

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