Declaración de amor

 

Beatriz Pardos Alcaine, IES Cabañas La Almunia

¡Hola! Te escribo desde aquí, desde la Almunia, maldiciendo la mini-distancia que nos separa, para que sepas que te amo.

Dicen que lo que tienes no lo valoras hasta que lo pierdes, ¿no? Pues yo tuve la sensación de que te perdía y que perdía el tiempo si no estaba contigo, que aire dejaba de llegar a mis pulmones, y que mi tráquea se estrechaba cada vez más. Te sentía tan cerca cuando me pasaba y a la vez tan lejos.

Me puedo imaginar mi vida sin Pedri, sin Manolo, sin los de mi fraternidad, sin los de mi asociación culturale incluso si mi familia, pero no sin ti. ¿Pero sabes por qué? Porque tarde o temprano les perderé, si no es hoy será mañana o pasado el tiempo, la distancia, los diferentes caminos e incluso la muerte en el peor de los casos. O no. Tal vez no sea la peor manera, porque la muerte alivia el sufrimiento y al fin y al cabo, todos sufrimos. Pero a diferencia de ellos, sé que a nosotros no nos va a pasar lo mismo. Porque nuestro amor es para siempre. Porque nuestros sentimientos nunca mueren.

El pasado catorce de febrero fue San Valentín, creía que había sido el primer san Valentín que lo pasaba «acompañada« pero en realidad no era así. Y me doy cuenta ahora cuando veo que ya he pasado otros catorce años con el amor de mi vida.

Me cuesta creer que pasaran los años y que nos haremos viejos juntos, que nuestros huesos se convertirán en ceniza, la ceniza en polvo y que lo único que sobrevira serán nuestras ansias de estar juntos. Pero qué más da eso, sabiendo que estaremos unidos para siempre. Aunque, tal vez no, porque dime, ¿qué hay después de la muerte? ¿Es como dicen? Solo tú lo sabes.

Al principio era sonidos, luego objetos que se movían, notaba presencias al lado de mi cama, sentía como alguien se tumbaba a mi vera, como me sentía y me tocaba, podía notar cuanto añoraba mi presencia. Tenía miedo, no podía entender como salías de mis sueños. Pero cuando te olí, pude ver que estabas allí conmigo, que me acompañabas en cada suspiro, que eras tú. Se me fueron los miedos de encima, estábamos juntos de nuevo.

No sé cómo te sigo queriendo sin haber podido recordarte antes, como te toco sin poder tocarte no sé cómo no pude reconocerte antes. Ya ha pasado mucho tiempo desde aquel entonces, empezamos siendo críos cuando aquello, y a lo tonto ya han pasado cuatro vidas. Si en el último tramo no hubieras ido a por aquellas rosas, ahora estarías conmigo.

Pero qué más da si tu ahora ya has alcanzado el nirvana. Viniste a por mí y lo conseguiste, por favor aparece en mi próximo sueño.

 

 

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