Redes de intercambio

 

El proyecto artístico 'Dead drops' esconde más de 1600 USBs por el mundo para compartir información

Alicia Gracia (Periódico del Estudiante)

Son conocidas como Dead Drops (gotas muertas) y conviven con el paisaje urbano desde hace unos años, aunque la mayoría de los transeúntes no se percaten de su presencia. El impulsor de esta iniciativa es el artista alemán Aram Bartholl y el objetivo es fomentar el intercambio de archivos entre usuarios anónimos sin necesidad de conectarse a Internet.

Aram Bartholl comenzó en el 2010 a camuflar USB por todos los rincones del mundo. Empezó con cinco pen drives en Nueva York y después lo extendió a otras ciudades. Además, el alemán animó a otras personas anónimas a esconder sus USB y para facilitar la tarea colgó en su página web un video explicando cómo se hace. Además, la página cuenta con un mapa y un listado de localizaciones que se actualiza cuando una persona esconde un nuevo pen drive. El propio Bartholl anuncia los nuevos dispositivos escondidos a través de su cuenta de Twitter y actualiza el listado de ciudades en su página web. Aunque hasta ahora el proyecto ha sido modesto, en la actualidad está teniendo una gran repercusión y ya se contabilizan más de 1.600 memorias escondidas con un volumen total de casi 12.000 gigas de información.

El movimiento llega a España

El movimiento ya ha llegado a nuestro país. Zaragoza, Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca, Valencia y Bilbao son algunas de las ciudades donde esta moda ha tenido éxito. En Madrid se han escondido seis, en Barcelona hay 22 USB ocultos, en Bilbao hay tres dispositivos, en Palma de Mallorca se ocultan 3 USB y en Valencia se esconden cinco. En la capital aragonesa se escondió uno con ocho gigas de almacenamiento, llamado Nuestro sitio, en agosto del año pasado. Se ocultaba en un muro de cemento y ladrillo de la calle Flora Tristán, cerca del número tres, en el barrio del Actur. Sin embargo, el pasado 4 de abril otro usuario notificó en la página web una incidencia: «broken or stolen» (roto o robado). Otros dispositivos de otras ciudades españolas también han sido robados o dañados, unas incidencias que se actualizan en la página web.

Según el manifiesto escrito en 2010 por el artista alemán Aram Bartholl, «Dead Drops es una red anónima y offline de intercambio de archivos en el espacio público. Cualquiera puede acceder los Dead Drop y también instalar uno en su ciudad o barrio. Un Dead Drop debe ser de acceso público. Es decir, un Dead Drop instalado dentro de edificios cerrados o lugares privados cuyo acceso es limitado o temporal no es un Dead Drop. Un verdadero Dead Drop debe ser montado por el ordenador como un dispositivo de almacenamiento masivo editable y legible y sin ningún programa preinstalado. Los Dead Drop no necesitan ser sincronizados o conectados entre sí y es que cada Dead Drop es único [...] En una época de crecimiento de la nube y de modernos y elegantes dispositivos sin acceso a los archivos locales necesitamos replantearnos la libertad y difusión de información».

Uno de los problemas que plantea este proyecto es su posible choque con la ley de propiedad intelectual. Según el propio artista, esta iniciativa no vulneraría esta ley y su único riesgo sería que algún usuario compartiera códigos maliciosos a través de sus memorias.

El éxito de las redes online

Dead Drops es un ejemplo de un sistema para compartir información sin necesidad de Internet y actualmente se presenta simplemente como un juego. Las aplicaciones de mensajería instantánea siguen siendo las herramientas favoritas de los usuarios para compartir datos e información. La mensajería instantánea creció el año pasado 6,3 puntos respecto al anterior y ya la usan a diario el 93,7% de los españoles, según el informe anual de Telefónica publicado a principios de este mes.

Whatsapp sigue siendo el líder entre las aplicaciones de este tipo, con más de 1.000 millones de usuarios activos, según indica la propia compañía en una entrada de su blog. Del mismo modo que los usuarios utilizan varias redes sociales, cada vez más gente también tiene instaladas varias aplicaciones de mensajería, entre las que están experimentando un gran crecimiento se encuentran Telegram y Snapchat. La compañía Telegram anunció en su blog el pasado mes de febrero que habían llegado a los 100 millones de usuarios activos, solo dos años después de su nacimiento; y Snapchat, en su página web, indicó que habían alcanzado la misma cifra, aunque a un ritmo más lento, ya que la aplicación fue creada en el 2011. Esta última es muy popular entre los más jóvenes y la empresa asegura que en Estados Unidos el 60% de las personas de entre 13 a 34 años la utilizan.

Lo cierto es que cada de ellas se ha posicionado añadiendo elementos diferenciadores. Telegram, por ejemplo, optó por potenciar la seguridad y los grupos, que pueden estar formados por hasta 5.000 miembros; y Snapchat, además de chatear, permite contar historias con imágenes en público.

Seguridad en el intercambio

Whatsapp, por su parte, para competir con Telegram, introdujo la semana pasada una novedad relativa a la seguridad de los mensajes. La aplicación de mensajería anunció fortalecer el cifrado en sus comunicaciones y garantizar globalmente que ningún contenido sea accesible a terceros. El llamado cifrado «extremo a extremo» garantiza automáticamente que solo el emisor y el receptor de la conversación puedan leer lo enviado y nadie más, ni siquiera Whatsapp. Los mensajes llevan una especie de «candado» del que solo los sujetos involucrados en la comunicación tienen su código o llave para abrirlo, explicó la empresa en un comunicado.

La decisión de Whatsapp llega en plena polémica entre Apple y el FBI por el móvil de un sospechoso que la compañía se negó a desencriptar. Esta medida ha avivado la polémica sobre la seguridad tecnológica en las telecomunicaciones.

 

 

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