Una noche eterna (2ª parte)

 

Raquel Garatachea Toha, 1º bachillerato IES Félix de Azara

-- ¿Qué decís chicos? ¡Un parque de atracciones solo para nosotros! ¿No es genial?
-- Y si funcionan las atracciones será todavía más genial.
-- Sí ¿Por qué no? Vamos a averiguarlo. Todos estábamos de acuerdo en lo genial que sería un parque de atracciones solo para nosotros y no dudamos ni un segundo en entrar a comprobar cómo era.

Todo el parque estaba rodeado de una valla no muy alta, había por donde escalar, así que nos pusimos a ello. Yo fui el primero en entrar ayudado por los demás, uno por uno íbamos escalando. Cuando ya estábamos todos, entramos en el parque. Primero buscamos la sala de mantenimiento. Al principio no se encendía nada, pero Jennifer tiene estudios de mecánica y consiguió hacer una fuente de energía provisional. Levantamos la palanca y se encendieron las luces a la vez que las atracciones comenzaron a funcionar.
-- No me lo puedo creer, Jennifer, eres impresionante. ¡Lo has conseguido!
-- ¡Vamos todos a montarnos en las atracciones!
-- ¡Siiiiiiiiiiii! -gritamos todos a la vez que nos echábamos a correr.

Había muchas montañas rusas, nos montamos tantas veces que hasta alguno vomitó. Jugamos a todos los juegos que nos encontrábamos, había de pistolas, de dardos, de bolas También había una casa encantada, la cual llenamos por dentro de papel higiénico que cogimos del baño.
-- Así da mucho más miedo- dijo Max entre risas.

Hasta había un circo; entramos a ver si había algo dentro. Se veía todo vacío, pero en una habitación encontramos cajas llenas de fuegos artificiales y bengalas. Cogimos todas las cajas que pudimos y las llevamos a un parking que había cerca. Sacamos todos los fuegos artificiales y nos pusimos en fila. Jake sacó su mechero para encender los fuegos.
-- Alex, creo que tú deberías ser quien los encienda. Es tu noche.
-- Pero solo si lo hago contigo. Jake asintió y me prestó uno de sus mecheros. Me puse en uno de los extremos de la fila y Jake en el contrario. Mientras, los demás tomaban asiento.
-- ¡A la de tres! Jake empezó la cuenta atrás.
-- ¡Tres! ¡Dos! ¡Uno! ¡Ahora!

Jake y yo comenzamos a correr mientras íbamos encendiendo los fuegos uno a uno. Cuando nos cruzamos fuimos a sentarnos junto con los demás. Comenzaron a explotar los fuegos en ecielo, nunca había visto tantos fuegos juntos. El cielo estaba lleno de colores por todos lados. Todos nos quedamos callados con la boca abierta, asombrados por lo que estábamos viendo. No duraron mucho, pero los disfrutamos como nunca.
-- ¿Ahora toca las bengalas, no?
-- Jaja, vamos a ello.

Sacamos algunas bengalas de la caja. Cada uno cogió dos, una en cada mano. Empezamos a encenderlas y, cuando ya todos las teníamos, fue como volver a ser niños. Todos corríamos de un lado a otrodando vueltas a los demás, persiguiéndonos También nos hicimos un montón de fotos y vídeos con ellas. Jamás olvidaríamos algo así. Fue increíble. Todos parecíamos niños felices sin ninguna preocupación. Simplementeun grupo de amigos viviendo el momento.

Cuando se nos acabaron todas las bengalas nos tumbamos en la hierba. Yo me tumbé en el suelo y Max se tumbó al lado mío, con su cabeza apoyada en mi abdomen.

Mi corazón empezó a ir más rápido y sentía que ella no sabía. Me miró y sonrió. Estuvimos así un buen rato. "Me podría pasar el resto de mi vida así. En este parque de atracciones, con mis mejores amigos, divirtiéndonos como nunca". Max se levanta y me pide que la siga. Me incorporo rápidamente y voy con ellaC. omenzamos a dar un paseo por el parque. No parábamos de reírnos de nuestras tontadas y nuestras bromas.

Mientras caminábamos, de repente me cogió la mano. Mi corazón comenzó a ir más deprisa, sentía que se podía oír el latido de mi corazón a kilómetros. Max me miró con una dulce mirada y sonrió. Yo le devolví la sonrisa, me salió sola.
-- Oye, Alex, hay algo que he querido decirte durante mucho tiempo, pero nunca me he atrevido.
-- ¿Y qué es? No te preocupes, puedes decirme lo que sea.
-- Pues verás... es que yo...

Yo también tenía que decirle muchas cosas, quería decirle todo lo que sentía por ella, pero no me salían las palabras. Creía que sabía lo que ella quería decirme, así que me arriesgué a confundirme y llevarme una bofetada. Sus labios estaban entreabiertos y yo rápidamente acerqué los míos a los suyos y la besé. Ella se quedó quieta mirándome y al fin dijo:
-- Te quiero, Alex.
-- Yo también te quiero, Max, cada vez que paso tiempo contigo siento que el tiempo se detiene. Eres la chica más asombrosa, hermosa, cariñosa, amable. que he conocido nunca. Y me encantaría pasar el resto del tiempo que me queda contigo.

Max estaba muy sonrojada, por su cara sabía que quería decir muchas cosas, pero no sabía cómo. Simplemente se acercó a mis labios lentamente y me besó. Con eso me lo dijo todo.

No les dije a ninguno de mis amigos ni a mis familiares la verdad sobre mi enfermedad. Los médicos me dijeron hace un mes que justo hoy moriría, hoy era mi última noche. Pero también ha sido la mejor noche. Jamás olvidaré todo lo que hemos pasado juntos. Pero estaba llegando mi hora y yo lo notaba, mi cuerpo se iba enfriando y cada vez tenía menos movimiento muscular. Era el momento, iba a pasar.

De repente me dio un ataque y caí al suelo. Max, asustada, se agachó e intentó levantarme. Pero no podía y yo casi no podía moverme.
-- ¡Alex! ¡¿Qué te pasa?? ¡¿Estás bien?!
-- Max Ha llegado la hora de que me vaya.
-- ¿Qué estás diciendo? Los médicos dijeron que aún te faltaba.
-- Yo les dije que os comunicaran eso, pero realmente no era así. Yo sabía que hoy era mi último día, pero no quería preocuparos.
-- ¡No! ¡No puede ser! Alex, dime que no es verdad, por favor.

Max tenía los ojos llenos de lágrimas y casi no podía hablar. Me rompía el corazón verla así y aún más por mí. Yo también comencé a llorar. Ojala hubiera podido ser de otra forma, pero al menos me iba sabiendo sus sentimientos por mí, me puedo ir feliz. Le sequé las lágrimas con mis manos.
-- Tranquila, Max, puede que no haya pasa tanto tiempo contigo como hubiera querido, pero ahora sé que todo mereció la pena y me voy feliz. No llores por mí, no quiero que lo hagas. Quiero que me prometas que cuando cierre los ojos sonreirás. Prométemelo, por favor.
-- Sí, te lo prometo, lo haré. Quiero que sepas que esta noche también ha sido la mejor para mí, este rato que hemos estado juntos ha sido increíble y jamás me olvidaré de él. Prométeme que tú tampoco lo harás, y que siempre te acordarás de mí.
-- Tienes mi palabra. Nunca lo haré. Recordé una piedra que siempre llevaba conmigo, mi piedra de la suerte. La saqué de mi bolsillo y se la entregué.
-- Toma, quiero que la tengas tú. Es una piedra muy especial para mí. Y debería estar también con una persona muy especial para mí. Quiero que esta piedra signifique mi amor por ti. Mi amor eterno. Se la coloqué entre sus manos y se las cerré.

Comencé a notar que mis párpados me pesaban mucho. Comencé a cerrar mis ojos. Las últimas energías que me quedaban las gasté para decir:
-- Te amo, Max.

Un segundo después dejé de escuchar cualquier sonido. Tan solo veía entre mis párpados entrecerrados a Max sonriendo, tal y como me prometió. Cerré los ojos y me sumergí en un mundo totalmente oscuro. Ahora vago entre mis recuerdos contándome una y otra vez mi última noche, una noche eterna.

 

 

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