Amor post mortem

 

María Pardillos, 1º Bachillerato IES Féliz de Azara

Por un instante apenas recordaba el olor a tierra, la oscuridad y la escasez de oxígeno. Por un momento pensé estar soñando y no viviendo una realidad a cincuenta pies bajo tierra. Es el intento fallido de mover el pie derecho lo que me recuerda que sin oxígeno, agua y comida apenas aguantaré cinco horas más aquí.

Cierro los ojos tan fuerte que duele y al abrirlos mi visión es la misma: la negra falta de luz. El miedo resume todos mis sentimientos y emociones. Miedo del que te arranca el valor y te pone a temblar.

Siento que poco a poco la temperatura de mi cuerpo desciende como cuando mojas un trozo de tela o quemas un papel que sin prisa, consume su propia existencia.

Mis pies, mis manos. El frío asciende por mis piernas y brazos asustando cada resquicio de calor que encuentra en el camino. La ausencia de calor alcanza mi pecho.

Hasta que la muerte nos separe, me dijo. Hasta que la muerte nos separe, le dije. Al único que ha separado es a él de mí, a él de la vida. Le di mi vida, le di mi ser y ese es el mayor error que una persona puede cometer. Con esa misma promesa, le entregué también mi muerte. Promesa de vida que se apaga lentamente. La ignorancia que creó al amor eterno es la culpable de que yo esté aquí junto a él y a la vez tan lejos, tan distante. Me enterraron con una persona que ya no está, con la persona a la que amé en vida. Nuestra vida. Pienso en aquel «Te querré para siempre, tanto en la vida como en la muerte», lloro y nadie me escucha. ¿Si nadie te escucha, realmente lloras? ¿Si nadie sabe dónde estás, realmente existes? Pierdo la visión, la visión de aquella oscuridad. Mis ojos se cierran lentamente, tan lentamente.

Luz, suave luz que la cortina deja entrar en mi habitación. Sol. Sudor. Frío. Cuando mis párpados vencen al sueño y, finalmente, consiguen abrirse, recuerdo. Recuerdo la oscuridad y el amor eterno, tan solo un sueño. Soñé que dos personas podían ser una. Soñé que el amor todo lo podía, incluso la muerte. Soñé en perder un alma gemela. Soñé que existía esa alma gemela. Soñé, soñé con aquel amor eterno tan solo un sueño.

 

 

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