Un desconocido de repente

 

Mario Ariza, La Salle Montemolín

Javier González era un tipo peculiar y sobre todo muy social. No llegaba a los treinta y tenía un buen trabajo en una oficina. Le gustaban mucho las mujeres, sin embargo, se negaba a mantener una relación formal por miedo a perder gran parte de su abundante vida social.

Un día se dirigía a un bar del barrio que frecuentaba con sus amigos del instituto para tomar café. Lo único inusual era que llegaba tarde y él detestaba la falta de puntualidad. Decidió acelerar el paso y cruzar un pequeño parque infantil donde lo normal era no ver a nadie a esa hora. Para su sorpresa tropezó con un niño que jugaba con unos coches de juguete. Javier se percató de que le había roto el coche pero como llegaba muy tarde, lo ignoró. De inmediato, al seguir la marcha, sintió los ojos del niño clavándose en su nuca y un escalofrío le recorrió el cuerpo.

El día transcurrió de forma normal. A la mañana siguiente, se tomó su café mañanero en su taza de Scarface blanca y negra. Al salir por la puerta, se encontró con su vecino Miguel al que saludó jovialmente pero solo recibió una mirada extrañada. En el trabajo nadie parecía conocerle y empezó a ponerse nervioso. Él no entendía qué ocurría y porqué le había ocurrido a él. En ese momento recordó al siniestro niño del parque y entendió que nunca se debe privar a un niño pequeño de su juguete.

 

 

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