Caperucita Roja en Madrid

 

Sergio Prades Ballesteros, La Salle Montemolín

Hace muchos años, en Madrid, vivía una niña de trece años, llamada Laura, en una pequeña casa. Su familia era humilde y apenas podían llegar a fin de mes. A la niña la llamaban Caperucita Roja ya que casi siempre llevaba un chaquetón de color rojo.

Un día, su madre le dijo que ya que su abuela acababa de salir del hospital, llevara un ramos de flores y unos bombones. Antes de salir de casa, la madre le dijo a Laura que vivían en una inmensa ciudad, que no hablara con ningún desconocido y que tuviera cuidado con los coches. La niña asintió y salió de casa toda contenta y escuchando música en su mp4. De repente se paró a ataviarse los cordones de su zapatilla que estaba desabrochada. Al subir la cabeza se encontró con un hombre grande, con una barba muy larga. El hombre la saludó y ella, toda confiada, le dijo:
--Hola, ¿quién es usted?

Hablaron durante unos minutos y el señor le dijo que si quería la llevaría en coche a donde quisiera ir. Laura contestó que no porque iba a casa de su abuelita que vivía en la calle Carretas, número 8.

Cometió un grave error al decir eso... Sin decir nada, el hombre cogió su coche y se dirigió rápidamente al lugar que le había nombrado la niña. Al llamar al timbre solo tuvo que decir que era su nieta para que la inocente abuelita le abriera. Al darse ella cuenta de que no era su nieta, se desmayó. Aquel hombre se enfadó, ya que no le podría decir dónde guardaba sus ahorros. Él comenzó a rebuscar por el pequeño piso pero no encontró nada. Entonces pensó en amenazar a Laura cuando llegara. Al cabo de un rato sonó el timbre. Era ella. Cogió el telefonillo y dijo con voz de abuelita que pasara. La niña enseguida se presentó allí y lo primero que vio fue a su abuelita tirada en el suelo. Se asustó muchísimo. Entonces salió el hombre y le dijo a Laura:
--O me dices dónde está el dinero o mato a tu abuela...
--No, por favor. Creo que está en el cajón de su habitación.
--Más te vale porque como no esté os mataré a las dos.

El ladrón miró y solo había monedas sueltas. Mientras iba hacia la puerta, iba gritando a Laura. Por la calle, pasaba un hombre que escuchó los gritos. Subió las escaleras corriendo y vio la puerta abierta. Allí encontró a la abuela inconsciente. También observó al ladrón amenazando a Laura, así que se abalanzó sobre él y lo inmovilizó. La pequeña llamó rápidamente a la policía. La abuelita despertó y la llevaron al hospital donde se recuperó y todos fueron felices.

 

 

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